El 4 de junio de 1926 había nacido en la sureña, fría y lluviosa ciudad de Nueva Imperial, en la provincia de Cautín, Región de la Araucanía chilena, uno de los más talentosos poetas chilenos de los últimos años: Miguel Arteche Salinas, quien hoy tomó el rumbo del viaje misterioso al que conduce la muerte.
Interesado desde niño por la cultura y el humanismo (se encerraba largas horas a leer en la biblioteca privada de su tío, el cura Gonzalo Arteche), estudia Derecho en la Universidad de Chile, aunque no llega a titularse, y Literatura Española en la Universidad de Madrid. De la tierra hispana, raíz ancestral de sus genes, se trae no solo el conocimiento académico de las letras ibéricas, sino que también el amor, pues allá contrae matrimonio con Ximena Garcés, su compañera de siempre, madre de sus siete hijos.
Escrito por prof. B. Andrés González Vargas 





Zarpó con la poesía, navegó en el cuento y llegó a puerto con la novela, donde echó anclas. Es que en la obra de Salvador Reyes los temas y motivos del mar son exquisitamente recurrentes, en El continente de los hombres solos (ensayo, 1965) dice: “observo a mis compañeros vestidos de azul y galoneados de oro, descubro el signo con que el mar los ha marcado y me siento solidario con ellos. Comprendo que también para mí la plenitud de la vida no podrá tener jamás otro sabor que el del agua salada, ni otros rostros que los de los temporales, de las calmas, de las solidarias veladas en cubierta, contemplando las fantasías de la luna entre las nubes y sobre las olas”.
Un buen día de 1917, en las páginas de la revista Los Diez, órgano de difusión del grupo homónimo que encabezaba 








