Después de más de 20 años de haberla leído, me animé de nuevo a leer esta obra extraordinaria y a buscar en sus páginas ese sabor de adolescencia y juventud que tanto me impactó en la primera lectura que hice en mis años de estudiante de Literatura, por allá por la década de los 80.
Ahora, con un poco más de recorrido literario y con una mayor experiencia en temas de orden simbólico, la relectura de Demian me ha llenado de satisfacción y he redescubierto la acertada forma en que el autor plantea en esta historia el inicio del despertar de la conciencia del joven Sinclair, un chico común y corriente que va a la escuela y que no piensa más allá de la satisfacción inmediata, pero que terminará siendo una persona cuya libertad de pensamiento le llevará a comprender mucho mejor que el resto el mundo en el que vive.
Escrito por prof. B. Andrés González Vargas 

















