Estimados amigos, he estado en la duda si publicar o no esto, la duda la he tenido durante bastante tiempo, años y meses, en realidad, pero como hace poco retomé el tema de plagio académico, he decidido mostrar estos ejemplos. No son importantes, ni siquiera son graves, pero es una rara sensación la que se siente cuando un escrito propio aparece con otro nombre.
Corría agosto de 2004 cuando por primera vez conocí los blog y en el entusiasmo inicial acuñé el vocablo pedablogía (hoy con más de 21.000 entradas en la red) y publiqué el artículo uso pedagógico del blog o cómo fundar la pedablogía, que tiempo después reproduje en Atinachile. Tiempo después, la “experta” Glenda Torres Ramírez, publicó el mismo texto original mío con muy pocos cambios y con el mismo título en su blog. Con el tiempo, yo ajusté el artículo en estas páginas y en Atinachile, ella también acomodó el suyo, pero aún se nota el plagio.
¿Para qué? No creo que sea un artículo tan importante ni intelectualmente tan potente. A mí me parece hasta ingenuo, pero ocurrió.
Hasta 2010 trabajé en el Colegio Alexander Fleming, de Las Condes, en Santiago de Chile y en su aula virtual publiqué varias presentaciones para apoyar a mis estudiantes (acabo de solicitar que las “bajen de ahí”). Cuál no sería mi sorpresa al encontrar en Calameo uno de mis trabajos, El Viaje del Héroe, publicado sin mi nombre y en el espacio de “Ariela” (además, con la indicación de “todos los derechos reservados”), dado como material de clases para este año 2011 por la docente Ariela Mancilla Delgado, con quien compartí en el Colegio durante 8 años. ¿Cuesta mucho reconocer el aporte intelectual de otros? Es cierto que con la colega tuvimos algunas fricciones profesionales, pero ¿justifica eso este verdadero plagio? Hubo estudiantes que conocían el material y me informaron de ello en mensajes privados. La versión mía (igual a la de “Ariela”, la publiqué posteriormente en mi propio sitio de Calameo (indicando de manera específica que están bajo una licencia CC con “algunos derechos reservados, entre ellos, el de atribución) y en Scribd, pero otra vez me pregunto si era verdaderamente necesario.
¿Cómo enseñar a nuestros estudiantes a no cometer plagio si los propios docentes lo hacen impunemente? He escrito en diversos medios impresos y digitales más de mil artículos y, por cierto, en más de alguno he tomado ideas prestadas, aunque siempre doy cuenta de los autores en la bibliografía. Tal vez más de alguno se parezca demasiado a otro, pero cuando me lo hacen notar, lo modifico o lo retiro, pero copias así de textuales como los ejemplos…creo que no lo he hecho nunca.
En todo caso, como dice mi amigo digital Deliverio Gilette, gracias a que existe la red, podemos detectar el plagio y ayudar a erradicarlo de las costumbres académicas.
prof. Benedicto González Vargas
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