El año pasado adquirí la novela El Pabellón de las lágrimas, de la historiadora y escritora japonesa Rei Kimura, me atrajo al texto la información que se trataba de la biografía novelada de la joven que inspiró Madame Butterfly y como dicha ópera es una de mis favoritas, me entusiasmó la posibilidad de leerla.
Sin embargo, a las pocas páginas, pude percatarme de que la obra no tenía nada que ver con la famosa ópera y que, por el contrario, narraba la triste historia de una hermosa joven japonesa, de excepcional belleza y humilde cuna que, precisamente, por esa nefasta combinación, nunca pudo ser feliz en medio de un mundo que se ensañó en quitarle todo lo bueno que ella tenía y en negarle todo lo bello que deseaba.
En el Japón del siglo XIX, con una moral tan severa, que una joven viviera de concubina de un extranjero era una deshonra personal que no solo duraría durante toda su vida (aún pasado el periodo en que terminara esa relación), sino que perseguiría, además, a su familia y amigos. Sin importar que hubiera sido obligada a seguir dicha vida contra su voluntad, por el bien de la propia comunidad en que vivía y por órdenes perentorias de la autoridad. La doble moral humana, tan dada a condenar al otro, no tuvo piedad con quien era la mayor víctima de la injusticia que le achacaban como culpa.
Okichi, la hermosa protagonista de la historia, reverenciada en el Japón actual, tenida por heroína y ejemplo, vivió su vida en la soledad del desprecio de sus congéneres. Con una valentía, una pasión y una dignidad que mantuvo hasta el último de sus días, todo ello en el marco de una historia de amor a la vez trágica, bella e inolvidable.
Verdaderamente, una hermosa novela biográfica que nos acerca a un personaje tan querido de la comunidad japonesa y cuya historia no debemos eximirnos de conocer.
prof. Benedicto González Vargas
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Hola, Marcia, sin lugar a dudas ese libro de Laura Esquivel es un maravilloso relato, gracias por recordarnoslo.
Un abrazo,
Benedicto
La verdad que me intriga bastante el libro, parece entretenido. no tardare mucho en empesar a leerlo, un saludo a nuestro estimado Profe Benedicto.
Un saludo también para ti, mi estimado Nicolás!
prof. Benedicto González Vargas