Obra clásica del teatro chileno de los años del gobierno militar, esta obra, como muchas otras del autor, ubica a sus personajes en la marginalidad de las esferas sociales, pasados a llevar y humillados por los poderosos, se desenvuelven en una sobrevivencia que no por dura pierde su dignidad.
Este es el mundo de los que nadie quiere ver, el mundo que a muchos les gustaría ocultar, seres humanos desplazados por el poder político y económico de los que mandan usando la fuerza y el atropello, dejándolos en una situación de precariedad tan extrema que ya no tienen casa, ni familia, ni trabajo, ni ninguno de aquellos bienes sociales y culturales que implican la pertenencia a una sociedad. Sin embargo, la belleza interior de los personajes, capaces de seguir amando y soñando con un mundo mejor, pese a las adversidades, les permite interactuar con afectos, compañías pasajeras y esperanzas que van rompiendo la soledad, aunque sea momentáneamente.
En la época en que esta obra fue estrenada, 1981, los críticos de ella, quienes se sintieron ofendidos por la cruda realidad que muestra, auguraron un éxito pasajero. Demasiado contingente -decían- para que supere la barrera del contexto político que la explica. Los años han dado la razón a su autor porque son tan universales los conflictos, sentimientos y vivencias humanas retrdatadas en esta pieza, que le sobra universalidad para imponerse a cualquier momento histórico.
Hechos consumados es la historia de dos indigentes, Emilio y Marta, cuyo conflicto -el desamparo material y espiritual- se acrecienta cuando un tercer personaje, Miguel, cuidador del sitio donde se han encontrado, los conmina a abandonar el lugar, porque su patrón no permite extraños en sus dominios. Luego de un diálogo que va descubriendo las secretas historias de dolor de los personajes, incluido Miguel, ante la negativa de Emilio a abandonar el lugar, Miguel lo asesina brutalmente. La imagen de Marta, con que se cierra la obra, clamado “¡qué recrestas hicieron con nosotros”!, es de un dramatismo vital que conmueve aún hoy.
Hay que agradecer a Lom que mantenga esta obra en su catálogo y a los módicos precios de su colección Libros del Ciudadano, que tan buenos títulos aporta siempre a nuestras bibliotecas. Sin duda, un imperdible muy contemporáneo.
prof. Benedicto González Vargas
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