Hechos consumados, de Juan Radrigán

Obra clásica del teatro chileno de los años del gobierno militar, esta obra, como muchas otras del autor, ubica a sus personajes en la marginalidad de las esferas sociales, pasados a llevar y humillados por los poderosos, se desenvuelven en una sobrevivencia que no por dura pierde su dignidad.

Este es el mundo de los que nadie quiere ver, el mundo que a muchos les gustaría ocultar, seres humanos desplazados por el poder político y económico de los que mandan usando la fuerza y el atropello, dejándolos en una situación de precariedad tan extrema que ya no tienen casa, ni familia, ni trabajo, ni ninguno de aquellos bienes sociales y culturales que implican la pertenencia a una sociedad. Sin embargo, la belleza interior de los personajes, capaces de seguir amando y soñando con un mundo mejor, pese a las adversidades, les permite interactuar con afectos, compañías pasajeras y esperanzas que van rompiendo la soledad, aunque sea momentáneamente.

En la época en que esta obra fue estrenada, 1981, los críticos de ella, quienes se sintieron ofendidos por la cruda realidad que muestra, auguraron un éxito pasajero. Demasiado contingente -decían- para que supere la barrera del contexto político que la explica. Los años han dado la razón a su autor porque son tan universales los conflictos, sentimientos y vivencias humanas retrdatadas en esta pieza, que le sobra universalidad para imponerse a cualquier momento histórico.

Hechos consumados es la historia de dos indigentes, Emilio y Marta, cuyo conflicto -el desamparo material y espiritual- se acrecienta cuando un tercer personaje, Miguel, cuidador del sitio donde se han encontrado, los conmina a abandonar el lugar, porque su patrón no permite extraños en sus dominios. Luego de un diálogo que va descubriendo las secretas historias de dolor de los personajes, incluido Miguel, ante la negativa de Emilio a abandonar el lugar, Miguel lo asesina brutalmente. La imagen de Marta, con que se cierra la obra, clamado “¡qué recrestas hicieron con nosotros”!, es de un dramatismo vital que conmueve aún hoy.

Hay que agradecer a Lom que mantenga esta obra en su catálogo y a los módicos precios de su colección Libros del Ciudadano, que tan buenos títulos aporta siempre a nuestras bibliotecas. Sin duda, un imperdible muy contemporáneo.

prof. Benedicto González Vargas

Otros comentarios de libros:

Aysén, la estación del olvido, de Carlos Aránguiz Zúñiga

Secretos menores y non tanto, de Susana Sánchez

Colmillo blanco, de Jack London

Los últimos días de Pompeya, de Edwar Bulwer Lytton

El buen hijo, de Todd Strasser

La casa del oro, de Liam O’Flaherty

Imprimatur, de Rita Monardi y Francesco Sorti

Vidas mínimas, de José Santos González Vera

El nombre del viento, de Patrick Rothfuss

El sari rojo, de Javier Moro

Pequeña, de Genovieve Brisac

La sombra del templario, de Nuria Masot

Recuerdos del Pasado, de Vicente Pérez Rosales

Vecina amable, de Guillermo Blanco

Los cuentos de Beedle el bardo, de J. K. Rowling

La sangre y la esperanza, de Nicomedes Guzmán

Antártico, de Francisco Coloane

X-7 y el Planeta Tierra, de Elisa de Paut

Ygdrasil, de Jorge Baradit

El Jardín de los Siete Crepúsculos, de Miquel de Palol

Años Luz, de Marcelo Novoa

Raíces tabinas, de Jonás

Almácigo, de Gabriela Mistral

Candidatos a la hoguera, de Francisco López Seivane

Ami, el Niño de las Estrellas, de Enrique Barrios

Pájaro de sol, de Wilbur Smith

Las sorprendentes memorias de Baltazar, de Claudio Orrego Vicuña

Días aciagos para Paucar Guamán, de Carmen Bernard

Anacaona y las tormentas, de Luis Bernal Pinilla

El Ocho, de Katherine Neville

Juanilla, Juanillo y la abuela, de Alicia Morel

Donde el corazón te lleve, de Susanna Tamaro

Akhenatón, de Naguib Mahfouz

En el centro de tu nombre, de Juan Antonio Massone

El Jardinero Fiel, de Clarissa Pinkola Estés.

Los hijos de Selene, de Ralph Barby

Gracia y el Forastero, de Guillermo Blanco

Escucha mi voz, de Susanna Tamaro.

Los Hijos de la Luz, de César vidal.

Fuego bajo la nieve, de Palden Gyatso.

Un día en la vida de Iván Denisovich, de Alexander Solzhenitzyn.

A través de las puertas de la muerte, de Dion Fortune,

El Romance de Leonardo, de Dmitri Merezhovsky

El Especialista, de Charles Sale

En busca del rey, de Gore Vidal

Romance del duende que me escribe las novelas, de Hernán Rivera Letelier

Don Guillermo, de José Victorino Lastarria

El Niño que enloqueció de amor, de Eduardo Barrios.

La Grieta, de Doris Lessing

Años Luz, de Marcelo Novoa

Para ti, Mujer, de Tsering Nandröm

La Historia de María Griselda, de María Luisa Bombal

Borges en su alma enamorada, de Juan Antonio Massone

Obra Gruesa, de Nicanor Parra

El país del agua, de Jacqueline Balcells

Pinocho, de Carlo Collodi

El Decreto de cada día, de Carmen Santiago

El Hereje, de Morris West

El símbolo perdido, de Dan Brown

Los misterios de las grandes óperas, de Max Heindel

Ojos azules, de Arturo Pérez Reverte

Huákala a los miedos, de Sergio López Suárez

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