Uno de los procesos más hermosos que se desarrolla en la educación primaria es la enseñanza de la lectura y escritura. Los niños, de cuatro, cinco o seis años, reciben admirados, por parte de sus profesores las claves para ir desentrañando los misteriosos signos de la escritura.
En nuestro idioma los silabarios más antiguos que se conocen provienen de los esfuerzos de la Iglesia Católica por enseñar a leer en sus escuelas, fueron llamados Cartillas y sus ejemplos intentaban vincular la adquisición del lenguaje escrito y la enseñanza cristiana, proponiéndose, de ese modo, un doble objetivo.
En un principio, como era común por aquella época, en que las ideas pedagógicas se basaban exclusivamente en la memoria (sin importar demasiado la comprensión, que llegaría por sí sola con la madurez), los primeros silabarios o cartillas abusaron de ella, sin importar (o sin darse cuenta) que a veces se generaban confusiones, como ponerle nombre a las letras y luego pronunciarlas distintas, como explicaremos en el caso del deletreo.
Escrito por prof. B. Andrés González Vargas 














