Mucho había escuchado o leído respecto del talento narrativo de un escritor irlandés muy famoso en su patria -es considerado el mayor narrador del siglo XX en ella- y bastante conocido también en Europa y Estados Unidos, me refiero a Liam O’Flaherty (1896-1984), autor de obras de gran difusión y buena crítica como El Delator, que fue llevada exitosamente al cine por John Ford. Sin embargo, por diversas razones, nunca había leído nada de este escritor, hasta que cayó en mis manos su novela La casa del oro, en una vieja edición argentina de Acme fechada en 1945.
Tras la lectura de sus 286 páginas me quedó la sensación de que se trataba de una novela menor en medio de la producción de este autor porque poco o nada pude confirmar de los talentos narrativos del autor, de quien se alaba su vertiginosidad, no dar respiro a los lectores, su profundidad psicológica y una inclinación ideológica hacia los sectores más desposeídos o maltratados de la sociedad. Algunos de esos elementos pueden encontrarse en la novela que comento donde, en mi opinión, lo más valioso es el trasfondo psicológico de los personajes aunque, al mismo tiempo, esa profundidad torna la novela como algo lento y pesado de leer.
La obra en cuestión trata de un millonario, Ramón Mor, quien gracias a su talento comercial se ha adueñado de una aldea de pescadores, reteniendo el monopolio de la comercialización del pescado. Toda la aldea le debe dinero, compra en sus tiendas y solo le vende a él, que es el único comprador, por el valor que él fije. Ramón es algo mayor, jorobado y sexualmente impotente. Nora, su esposa, es una mujer joven, bellísima y que odia a su marido, pero teme irse de su lado por temor a la venganza y la ruina, junto a su amante, Frances O’Neill, planea robar algo del dinero de Mor y, debido a lo tacaño que él es, cree que probablemente muera tras conocer el robo, lo que la liberaría a ella. Finalmente, entre los personajes destacables, esta el cura, Padre Considine, un hombre de escasos talentos que llegó a cura párroco bajo el amparo de Ramón Mor (quien movió sus influencias con el arzobispo) y cuya vida se debate entre el auténtico amor a Dios y al servicio religioso y a sus inclinaciones alcohólicas y sexuales reprimidas que lo llevarán, hacia el final de la novela a cometer un crimen al no poder contenerse de sus frustrados deseos. Un médico de pueblo, brillante, pero cobarde. La madre de Ramón, su hermana y algunos otros personajes menores complementan esta fauna humana del mundo narrativo del autor.
Obra interesante, pero no bien lograda, debido a la escasa movilidad de las acciones y a la pesada descripción psicológica que acompaña las acciones de los personajes. Hay, en todo caso, momentos notables, como el acertadísimo retrato psicológico del médico cuyos miedos lo inmovilizan y lo hacen traicionar una y otra vez sus ideales.
En definitiva, una obra buena, que merecía un mejor desarrollo de su trama, que gustará a quienes buscan sondar en las profundidades del alma humana y sus motivaciones o quieren encontrar personajes movidos por el destino que, cual tragedia griega, no logran escapar a su fatal desenlace.
prof. Benedicto Andrés González Vargas
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