La creatividad no solamente implica una forma de pensar, sino que también actitudes y factores de orden afectivo.
La primera de estas actitudes que es necesario mencionar es una gran apertura a la experiencia, vale decir una disposición personal interna que amplía los límites de la conciencia, es una especial curiosidad por el entorno que se traduce en la búsqueda de instancias para explorarlo y conocerlo.
La segunda actitud tiene es la que los especialistas llaman apertura a la estética, que se refiere al despliegue de los sentidos y a la voluntad para valorar la diversidad de tipos de expresión artística.
Una tercera actitud es la apertura a los sentimientos, que se traduce en el reconocimiento, comprensión y aceptación de las propias emociones y sentimientos.
También se establece la importancia de la apertura a las acciones, que se manifiesta en una múltiple cantidad de actividades, en la motivación, el esfuerzo y la energía para realizarlas.
Una quinta actitud fundamental es la apertura a las ideas, vale decir, una curiosidad intelectual que no rechaza a priori ninguna idea, sino que lo predisponen a examinar los asuntos tanto en lo teórico, práctico, estético y valórico.
La tolerancia y la paciencia activa son también importantes, hay problemas que no tienen una resolución rápida y se debe permanecer más tiempo del esperado ante una situación incierta cuya resolución no es visible. Resolver problemas complejos a menudo requiere detenerse a analizar múltiples factores y situaciones, buscar un orden en el caos, la mente busca y recorre nuevos caminos, opera en distintos planos, se detiene en detalles específicos, para encontrar respuestas. La capacidad para convivir con estas situaciones sin afligirse, sin renunciar a los esfuerzos, son distintivas de esta actitud.
El arte y la ciencia, por ejemplo, está lleno de ejemplos de largos periodos de incubación antes de encontrar la respuesta o solución a algún problema.
De la actitud anterior, también se desprende una tolerancia a la frustración, porque habrá múltiples errores en algunos de estos procesos y desmoralizarse antes de arribar a buen puerto en la resolución de los conflictos. No se trata de una tolerancia resignada, sino de una especie de tolerancia lúcida, pues los riesgos e incertidumbres, hay que tolerarlos, pero los fracasos y errores hay que convertirlos en experiencia.
Por esta razón es válido señalar que la creatividad no se despliega en medio de la tranquilidad, cuando no hay problemas, sino que surge y se potencia del conflicto, de la falta de armonía o derechamente en el caos.
prof. Benedicto González Vargas
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