No es fácil leer esta novela, sus 631 páginas atiborradas de datos históricos y con una aparentemente confusa aventura encabezada por un sirviente y por un abate con más inclinaciones al espinoaje y la política que a la religión, pueden ser una dura tarea para quienes enfrenten este libro tratando de encontrar en él una lectura sencilla.
Imprimatur es una novela densa. El notable trasfondo histórico en el cual se sitúan los hechos ficticios narrados es de una prolijidad digna de investigadores de fuste. Y esto es algo necesario de destacar, para quienes gustan de la historia de verdad, para quienes buscan encontrar en una obra los pigmentos cromáticos de una época lejana, Imprimatur no podría dejarlos indiferentes. Los recovecos, alianzas, intrigas y traiciones de la política italiana y francesa del siglo XVII están magistralmente retratados en la novela y ésa, que es su mayor fortaleza, probablemente sea el ingrediente de su debilidad, puesto que no a todos les gusta una novela histórica que sea tan apegadamente fiel a la historia y no caiga en la tentación de proponer teorías apasionantes pero de escasa veracidad.
Sin embargo, hay un hecho en el relato que no alcanza a ser un error, pero que tampoco está bien logrado. Un jovenzuelo, mozo de una hostería o albergue que, debido a una sospechosa muerte cae en cuarentena, es quien escribe un cuaderno donde se cuenta esta historia. La propia novela nos informa que se trata de un chico inteligente, pero ignorante. En medio de la cuarentena y con el amo enfermo, debe seguir haciendo los deberes de su trabajo, cuidar al dueño de la posada, servir de enfermero al médico a cargo del hostal, acompañar al Abate Melani en investigaciones y largas conversaciones sobre la política franco-romana, intenta, además, enamorar a una cortesana y aún le queda tiempo para escribir un relato con un estilo y una sapiencia dignas de mayor alcurnia. ¿Es verosímil esto? A mí me parece que no del todo y en el ánimo de dotar a este mozo de una sencillez y una inteligencia extremas, los autores crean un personaje casi imposible para la época.
Por lo demás, no es una novela que podamos tildar de apasionante, pero cumple bien su cometido con una historia que interesa y que sobre todo destaca por la profundidad de la mirada histórico-política que aporta. En ningún caso es una pérdida de tiempo leerla (como leí por ahí).
La obra, es la primera parte de una trilogia integrada, además, por Secretum y Veritas. A los interesados por la historia, no los va a defraudar.
prof. Benedicto González Vargas
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