Inger Enkvist es una destacada docente e investigadora sueca en las ciencias pedagógicas que últimamente ha estado empeñada en desmitificar algunas ideas que han ganado mucho prestigio entre los teóricos de la educación y que ella no comparte. Desde su tribuna académica en la Universidad de Lund, en Suecia, ha expuesto, con entusiasmo y perseverancia, sus argumentos, algunos de los cuales quiero reproducir acá, a través de un artículo suyo publicado por el Diario La Tercera en agosto recién pasado, luego de una breve visita a nuestro país:
“Durante 30 ó 40 años, la voluntad de democratizar la educación ha sido una de las ideas principales de los países occidentales. El método elegido ha sido el de pedir al docente que se acerque al alumno y que sea capaz de crear en él un interés por el aprendizaje, más que en exigir un esfuerzo por parte del estudiante. Las actividades se organizan tomando en cuenta la voluntad y el interés del alumno particular.
Suecia es uno de los países que ha adoptado esta pedagogía. Los alumnos tienen más derechos y menos obligaciones y se ven como evaluadores del sistema de educación, en vez de personas que van a ser evaluadas por otros. Ya que hay menos exámenes que antes, los estudiantes pueden mantenerse dentro del sistema de educación a pesar de no hacer esfuerzos. Se podría decir que no son estudiantes, porque apenas estudian; están matriculados, lo cual es otra cosa.
Sin embargo, junto con la introducción de la nueva pedagogía, dominante en los países occidentales, los resultados han empezado a bajar y, además, son cada vez más los casos de conducta irrespetuosa dentro de los establecimientos educativos. En esa discusión, cualquiera que diga que antes las cosas eran mejores, se ve automáticamente calificado de retrógrado, porque los nuevos pedagogos afirman que su orientación es correcta, pero que la culpade los problemas la tienen los cambios ocurridos en la sociedad.
Finlandia se convirtió, en 2003, en gran noticia en el mundo de la educación porque en el Informe Pisa, resultó ser la nación más exitosa, ubicándose en la cumbre con países bien posicionados en educación como Singapur, Corea del Sur y Taiwán. En el informe siguiente, Finlandia seguía siendo el número uno y había mejorado aún más sus resultados. Suecia se encontraba entre los números 15 y 17. Es importante señalar que Suecia está bajando lentamente y Finlandia está subiendo.
Para entender totalmente el significado de la comparación hay que decir que en 1970, antes de que comenzaran las analogías internacionales sistemáticas, Suecia estaba por encima de Finlandia en cualquier tipo de estudio.
Los finlandeses atribuyen sus buenos resultados a los siguientes factores: maestros y profesores con buena preparación académica; madres con un alto nivel de educación que ayudan a sus hijos con las tareas, familias que apoyan a los docentes, un sistema escolar con metas claras, inversión del Estado en la educación y grupos de aprendizaje no muy numerosos.
Después de cuatro décadas con la nueva pedagogía, el público sueco ha reaccionado. Ahora las reformas educativas ocupan un lugar destacado en la agenda política y este año se van a votar varias leyes de gran alcance. Así, habrá una reforma del Bachillerato unificado que aumentará las exigencias para entrar y para graduarse; una reforma de la formación docente que incrementará las exigencias en las materias que va a enseñar el profesor; se introduce una certificación para los docentes que especifica para qué materias y para qué edades se ha preparado, y una ley sobre los derechos, pero también los deberes de los diferentes actores de la educación.
Suecia está rectificando su apuesta por la nueva pedagogía, a la vez que Finlandia está gozando de un enorme prestigio por no haberla introducido. Desde Suecia, sólo cabe felicitar al país vecino por su sentido común.
Como pueden darse cuenta, las opiniones de la autora no dejan de ser polémicas y acá en Chile han tenido más de alguna repercusión, lo que me preocupa, porque no las comparto, más aún, ni siquiera las entiendo, no me queda claro de qué está hablando en muchos de los casos y varios de los argumentos me parecen muy populistas y amarrados con la vieja guardia pedagógico-metodológica que se resiste a entender el cambio fundamental del siglo XXI.
Vamos por parte:
1. Nos dice que el método elegido “ha sido pedirle al docente que sea capaz de crear un interés en él (el alumno) por el aprendizaje, más que exigir un esfuerzo por parte del estudiante”
No entiendo cómo puede ser negativo intentar que un estudiante logre interés por su propio aprendizaje, si esto es lo nuevo, la lógica indica que lo antiguo no se ocupaba de generar dicho interés y eso, a todas luces es un despropósito que nos habla de estudiante forzados a aprender lo que no les interesa. El exigir o no esfuerzos en los estudiantes no tiene nada que ver con lo anterior. De hecho, yo puedo generar interés en mis alumnos y exigirles rendir de acuerdo a esos intereses. El exigir o, mejor dicho, el no exigir no es una premisa de la educación occidental moderna. Sostener eso es una falsedad o, simplemente, implica no comprender el espíritu de las nuevas formas de enseñar.
2. “Las actividades se organizan tomando en cuenta la voluntad y el interés del alumno en particular” No me queda claro a qué se refiere, salvo que hable de algún tipo de educación tan personalizada que la focalización de las actividades sea individual. Eso no existe en los sistemas educativos generales y decirlo así es un argumento insostenible o, al menos, confuso. Pero, a partir de él, no entiendo qué tiene de malo tomar en cuenta el interés del alumno, si soy capaz de generar una actividad que desate conocimientos y aprendizajes, a partir de los intereses de los alumnos ¿cuál es el problema? ¿No es ése un plus? ¿Cómo va a ser una desventaja que un alumno se interese en una actividad académica?
3. Los alumnos tienen más derechos y menos obligaciones y se ven como evaluadores del sistema de educación, en vez de personas que van a ser evaluadas por otros” ¿De qué hablamos? Que yo sepa ninguno de los sitemas que la autora llama “modernos”, explicita un desequilibrio a favor de los derechos por sobre los deberes de los estudiantes. Las normativas al respecto, lo único que han hecho, es asimilar a los reglamentos escolares las declaraciones universales de Derechos Humanos, de Derechos del Niño y leyes nacionales sobre maltrato infantil u otras. ¿Qué deberes se han perdido? La autora no nombra uno solo y los derechos ganados (no sufrir maltrato, castigo, respetar sus horas de juego y descanso, buscar la ayuda profesional médica o psicológica pertinente y otras similares, no parecen ser un despropósito, sino que corrigen antiguas prácticas infames como los golpes a los alumnos o los castigos vejatorios. Vuelvo a preguntar, ¿qué deberes se han omitido?
4. Hay menos exámenes que antes, los estudiantes pueden mantenerse dentro del sistema de educación a pesar de no hacer esfuerzos. Podría decirse que no son estudiantes, porque apenas estudian, están matriculados, lo cual es otra cosa.” ¿Preferiría la autora que estos estudiantes “que apenas estudian” queden fuera del sistema y sean presa más fácil aún de la droga y la delincuencia? ¿No hay un sesgo ideológico y gravemente generalizador al decir que los estudiantes de hoy “apenas estudian”? No hago clases en Finlandia, pero tengo alumnos notables que sí estudian y cuya cantidad es muy superior a los mencionados por la autora.
5. Luego señala que, en Occidente, los resultados han empezado a bajar. ¿A bajar en relación con qué? ¿con cuándo? o se refiere a los autoconvencimientos nacionales de que tenían un sistema extraordinario y perfecto, el mejor, lo cual quedó claro era incorrecto no más empezaron a aplicarse pruebas estandarizadas? Acá en Chile, yo recuerdo, cuando estaba en la primaria mis profesores repetían que “Chile tiene la mejor educación de América”, en cuanto entramos a comparaciones estandarizadas, objetivas, internacionales, caímos del pedfestal autoasignado, pero ese pedestal ¿era verdadero? ¿Qué avala la opinión de un buen sistema en Suecia, antes de las mediciones Pisa y Timms u otras sino la autoreferencia o, peor aún, autocomplacencia?
6. El manido argumento de que si digo algo seré denostado y calificado de retrógrado es una forma de victimización prejuiciosa indigna de ser usada como argumento por una pedagoga tan conocida como la autora.
7. Las razones que señala la autora del artículo como dadas por Finlandia para siu éxito académico ¿en qué se oponen a una pedagogía moderna? ¿en qué apoyan usos arcaicos, escasamente significativos, academicistas y memoriones como se usaba antes?
8. Las reformas que busca implementar Suecia, ¿en qué parte apoyan el sistema arcaico? Me parece a mí que son correcciones lógicas de prácticas erradas que deben mejorarse, pero que no avalan una vuelta atrás a la manera en que pareciera señalar la autora (a saber, pérdida de derechos, aumento de deberes, volver innecesario el fomentar el interés de los estudiantes por aprender, organizar actividades tomando en cuenta los intereses de los alumnos, etc.)
9. Finalmente, lo más curioso, es que la docente no menciona una sola vez los cambios culturales en el acceso y manejo de la información que ha traido consigo la era digital, no se hace cargo de la globalización y no considera tampoco los cambios que ha tenido la familia en los últimos años, con padres que ambos trabajan, con familias uniparentales o, incluso, con familias de personas de un mismo sexo como jefes de hogar. No digo que esto sea malo o bueno, no es ése el tema, sino que esto es una realidad y las familias de hace 30 ó 40 años, cpomo dice la autora, no eran iguales a las actuales.
Lo que más me molesta de este artículo incomprensible no sólo es la endeblez de sus argumentos, la falsedad de sus comparaciones y conclusiones, sino el exagerado oído que se la ha prestado a una opinión insostenible en el mundo moderno del que queremos formar parte. Mundo en el cual, nos guste o no, hay que ser competitivo, autoexigente y motivado.
Creo que las opiniones Enkvist, así expresadas y publicadas, son un retroceso y espero que nadie pretenda tomarlas en serio. Ojalá este artículo sea una muestra incompleta de las opiniones de la autora, una mala traducción o un texto descontextualizado. De ser así, podría cambiar mi opinión sobre la autora, pero afianzaría mi postura de que es un texto inútil de cabo a rabo y de insólito anacronismo pedagógico.
prof. Benedicto González Vargas










Felicidades por este lúcido analisis, esta profesora estuvo Catalunya y su discurso está calando, gracias por desmontar sus falsedades de forma tan detallada y tan clara, su artículo me da fuerzas para seguir adelante entre tanta confusión.
Carme
Gracias, Carme, por tus amables palabras.
No te inquietes por la penetración de los discursos, no es posible detenr procesos históricos, sobre todo tan potentes como los que vemos acontecer todos los días y tampoco es posible seguir parchando metodologías arcaicas por más que en un pasado ideal, que no se condice con la realidad objetiva, aparezcan prácticas inútiles que algunos quieran retomar.
Lo curioso de todo esto, y ya me detendré en forma pormenorizada es que se argumenta en contra de mis opiniones rebatiendo cosas que nunca dije y tergiversando otras de manera grosera, como si esto fuera un debate entre representantes políticos.
Sigo insistiendo en que la endeblez de los argumentos de Enqvist pasa, al menos en el artículo que yo comento, por la falta de definiciones y linderos en sus conceptos.
Un abrazo,
Benedicto
1.- Se reclama mayor nivel de exigencia para los alumnos.
2.- El problema se produce cuando no se da interés del alumnado, sobre todo con respecto a lo que es de obligado cumplimiento tanto para el profesor como para el alumno.
3.- Se pide más esfuerzo + trabajo + productividad por parte del alumnado.
4.- Potenciar formación laboral y profesional cuando las circunstancias del alumnado lo requieran, sobre todo si se da un rechazo de la formación académica.
5.- La autocomplacencia es de ida y vuelta, se puede dar desde posturas contrarias.
6.- El descrédito hacia el profesorado que no comparte iniciativas pedagógicas actualmente calificadas como “modernas” está garantizado y es patente en nuestro entorno.
7.- Claves Finlandia : + formación profesorado + inversión pública (equivalente a menos dinero público para la privada) – ratio + esfuerzo alumno + exigencia alumno + trabajo alumno + implicación familiar + prestigio social .
8.- No comparto su perspectiva de lo arcaico y lo moderno.
9.- No puede considerarse todo en un breve artículo. A mí no me parecen incomprensibles, ni endebles, ni falsos los argumentos citados por esta señora, o, en todo caso, son tan matizables como los argumentos por usted utilizados en contra.
Creo que es un error general tratar bajo la misma óptica todo un sistema educativo. Las diferencias son enormes dentro de un mismo sistema y las prácticas “tradicionales” en los colegios “modernos” destacados son más frecuentes de lo que parecen en los prestigiados entornos sociofamiliares en que se desenvuelven. No obstante, puesto a generalizar, me quedo más con el enfoque EnkVist que con el suyo, con todos los respetos.
Ignoro, Benito, cuál es la experiencia que ha tenido y también ignoro el alcance del concepto de modernidad que Ud. e Inger Enqvist utiliza. Así que me referiré punto por punto a su comentario.
1. Plenamente de acuerdo, en mi artículo me refiero claramente a la autoexigencia, un paso mucho más profundo y significativo que la sola exigtencia.
2. También de acuerdo. El problema se produce el alumnao no está interesado en un contenido que es obligatorio, por eso es fundamental conseguir, graciuas a estrategias metodológicas pertinentes, motivar a los alumnos hacia aquellos contenidos. No hacerlo sería forzar una experiencia docente más enfocada en la enseñanza que en el aprendizaje, lo que es un despropósito.
3. De acuerdo también. Más trabajo, más esfuerzo, más productividad, pero también más innovación, creatividad y autonomía, herramientas fundamentales para desenvolverse en el mundo moderno. Otra vez, me parece, que voy un poco más allá de lo señalado.
4. Lo señalado en este punto sólo es posible si hablamos de niños mayores, con los pequeños, no podemos hacer eso. Por otra parte, me parece, que suponer que alguien desmotivado por algo, sólo pueda ser guiado a una formación laboral (probablemente de orden manual o técnico), significa desconocer sus talentos y potencialidades no desarrollados. Si hubiéramos aplicado esta idea, ni Gabriela Mistral ni Albert Einstein habrían ganado el Premio Nobel, pues en sus respectivas escuelas fueron considerados alumnos incapaces de aprender.
5. Absolutamente de acuerdo. La autocomplacencia, como todos los males asociados a ella, son reversibles y se ubican a ambos lados de toda postura ideológica. No obstante, por razones obvias, hay menor autocomplacencia entre quienes buscan siempre y se atreven con nuevos caminos y métodos, y mayor entre los que se aferran a prácticas de antiguo uso con la idea de mantenerse seguros en lo inmutable.
6. No me puedo hacer cargo de su entorno, porque no es el mío. En el artículo comentado por mí sí lo hago porque es sólo una victimización bastante común y antiguo como recurso retórico. En mi entorno, en el libre juego e intercambio de las ideas, un prejuicio así no puede tener cabida y si llega a colarse nos hacemos cargo desde la validez de la argumentación.
7. De acuerdo, las claves finlandesas son conocidas y las comparto, pero no tienen que ver con la dicotomía mencionada por la autora.
8. Yo tampoco comparto estar hablando de eso, es un absurdo, pero la falta de precisión en los conceptos del artículo comentado me llevan a ello.
9. En el terreno de las opiniones, podemos disentir. A mí me parecen endebles, incomprensiobles y en algún caso, falsos. Respecto a las consideraciones del breve artículo, tomé debida nota de lo señalado, si allí no está todo considerado, será porque tengo razón al señalar que probablemente se trate de una muestra incompleta de las opiniones de la autora.
10. Finalmente, puesto a generalizar, prefiero no hacerlo, porque no es riguroso, ni coherente, ni exhaustivo, ni pertinente, en casi ningún caso y en casi ningún tema.
11. Parafraseando sus palabras, que pretenden, con todo respeto, ser una suerte de puntada final, digo que “me quedo más con el comentario de Carme, que con el suyo” ¿Y qué pasa con eso? Nada. No pasa de ser un comentario.
prof. Benedicto González Vargas.
Con todo respeto, don Benito, Ud. tampoco dice nada sobre los cambios de la vida moderna y como eso se traduce en las escuelas. Por otra parte, muchas de las cosas que señala ud. reafirman las opiniones de don benedicto, como los puntos 2,3,4,7, que no son contrarios a lo dicho por él.
Creo que el problema es que la sra. Enkvist, nunca define qué es lo moderno o lo antiguo y hay que tratar de entenderlo desde sus razonamientos, que comparto con el Sr. González, no son muy claros.
Yo conocía a esta autora y voy a ver qué más hay en internet publicado por ella para hacerme una opinión.
Está buena esta polémica.
Manuel
Estimado Manuel,
Aunque este comentario no está dirigido a mí, quiero agradecerlo, porque me atañe y quiero destacar la pertinente y contextualizada lectura que hiciste, relacionando muy bien mis ideas con las de Benito, en los puntos que señalas ¡Aunque él no quiera darse cuenta!
Acabo de constestarle más o menos en el mismo sentido que tú.
Gracias,
Benedicto
1 – La señora Enkvist coloca “interesar a los estudiantes” en el extremo opuesto a “exigirles esfuerzo” porque eso precisamente es lo que se ha hecho en las reformas educativas recientes (al menos en España) Ciertamente no tiene nada que ver una cosa con la otra, pero así se ha hecho. ¿No es suficiente prueba saber que actualmente los alumnos de Enseñanza Secundaria Obligatoria pueden promocionar de curso con 6, 7 o todas las asignaturas suspensas con la única condición de haber repetido curso anteriormente?
2 – El problema es que, desde la pedagogía moderna y no digamos desde la llamada pedagogía crítica, se quiere organizar el currículum partiendo de los intereses de los alumnos, de su cultura, etc. Por supuesto que no se da en los centros actuales, pero tenemos por ello que soportar la pesadez de las críticas de los “expertos” y gurús que se creen revolucionarios. ¿Cómo que partir de los intereses de los estudiantes? ¿Cuándo han tenido interés por las matemáticas, la física o las declinaciones o los verbos irregulares? En las escuelas se tendrá que enseñar lo que la sociedad considera que hay que transmitir de una generación a otra y punto. Lo demás son bobadas pseudorevolucionarias que lo único que consiguen es que aumenten los clientes de los centros privados (donde se exige el estudio serio) y que los centros públicos se conviertan en centros de acogida social.
3 – Por favor. Ignoro si en tu país es distinto, pero en España la lista de derechos de los alumnos en un centro educativo es por lo menos 4 veces la de sus deberes. De hecho están en la enseñanza obligatoria y no les resulta obligatorio estudiar porque promocionan igual si suspenden. En cuanto a los Derecho Humanos, Derechos del Niño, etc, están muy bien para los países que tienen graves problemas de ese tipo o parecidos, países en vías de desarrollo, que están en constantes guerras, etc. En España todo el mundo comenta por las cafeterías que la mayoría (siempre habrá excepciones, por supuesto) de los chavales lleva una vida regalada, que lo tienen todo porque sus padres no saben decirles “No”, que no saben lo que el esfuerzo, que no valoran nada, que no conocen lo que sacrificarse para conseguir algo, etc.
4 – Yo diría que el sesgo ideológico (y la mosca detrás de la oreja, o sea, estar preparados para saltar a la primera de cambio) lo tienen quienes se ponen inmediatamente a la defensiva ante una crítica a los sistemas educativos actuales y a la pedagogía moderna. ¿Por qué siempre se argumenta sobre los chavales que no quieren estudiar si se preferiría que estuvieran fuera del sistema educativo? ¿Es que no hay otras alternativas? ¿Tan escasos de imaginación andáis, tan ciegos? El problema surge con la enseñanza comprensiva que padecen, padecemos, muchos de los sistemas educativos modernos. Quienes la defienden se empeñan en querer que todos los alumnos hagan lo mismo hasta que cumplan 16 años (y pronto empezarán a hablar de los 18). ¿Por qué todos han de estar haciendo lo mismo? ¿Aquí no vale lo de respetar sus intereses e idiosincrasia? Si se habla de la posibilidad de otros “itinerarios” saltan con aquello de la discriminación.¿Cómo puede hablarse de discriminación ante un elección, ante algo que depende de lo que se elija? De hecho en España el partido en el gobierno (y responsable de la reforma LOGSE y después LOE) critica la creación de itinerarios para chavales que no deseen seguir estudiando a la edad de 12 ó 13 años por discriminatorio, pero luego establece la posibilidad de cursar 3º y 4º de ESO mediante cursos de “Diversificación”, pero no lo llaman itinerario. Que expliquen por qué razón no lo son. Además han desarrollado un plan de “Bilingüismo” (que da vergüenza hasta el nombre, lo dice un filólogo) según el cual se crea una línea de alumnos “bilingües” en cada centro que los convierte en alumnos mimados, con más y mejor material, más horas de clase de idiomas, grupos reducidos, etc, y a eso no lo llaman discriminación. Da asco.
5 – Algo sabrá esta señora experta en educación de su propio país, ¿no? Por cierto, es sueca, no francesa.
6 – Pero si es la pura verdad. Pero si hasta tú mismo lo has estado usando… En España, quien critica la reforma es tildado automáticamente de retrógrado, de franquista, de facha, de conservador, etc. Y eso pasa constantemente, y te lo dicen a la cara, es fácil que surja a la primera de cambio en una conversación entre compañeros. Es la vieja táctica de descalificación “ad nominen” usada frecuentemente por quienes no tienen argumentos.
7 – No, pero son esos factores a los que nadie, desde la posición reformista, parece prestar atención; son circunstancias ajenas al propio centro educativo: inversión suficiente que permita reducir la ratio, la importancia que los padres dan a la educación, el saber transmitirle a sus hijos esa preocupación por la educación, las condiciones laborales de los padres (lejos de los empleos basura y malpagados que fomenta la patronal con la connivencia de los sindicatos, comprados descaradamente, y del propio gobierno que se llama así mismo socialista). Recomiendo el libro de Milagros Serrano Rey “¿Puede la escuela compensar sola todas las deficiencias sociales?”
8 – Vamos a ver: la autora no defiende recorte de derechos de los niños, aumento de deberes, ni olvidarse del interés de los alumnos por aprender, por favor. Creo que deberías leer La Educación en peligro y Repensar la Educación de esta señora y tal vez se te aclaren las ideas
9 – Y qué. ¿Es que los cambios sociales han de hacernos ver lo blanco negro? Está muy manido ya eso de que los cambios sociales lo justifican todo: que los profesores estamos desfasados (claro, pero por lo visto sólo los de enseñanza no universitaria; los profesores universitarios están todos por encima del bien y del mal), que somos actores en un escenario que ya ha cambiado, que damos clases de siglo XX a alumnos del siglo XXI, etc. Todo ese discurso parte de la crítica a la modernidad y de la postmodernidad, con la que quieren convencernos de que ya no es posible la emancipación por el conocimiento ni la promoción social por la educación. Están equivocados y además mienten.
Ojalá algún día algún que otro gobierno le haga caso a esta señora y a otros muchos disidentes de lo políticamente correcto.
Saludos
Estimado Juan, lo que me cuentas es una aberración, que un alumno pueda ser promovido como tú señalas, me parece un despropósito que deben solucionar. Esa normativa es la mejor manera de crear ignorantes. Muy de acuerdo con tu molestia al respecto.
A mí me parece necesario relacionar los contenidos obligatorios con la experiencia personal de los estudiantes, ése es un matiz no menor, pero no puede quedar el currículo en manos de los estudiantes, es una tontería. ¿Tan grave es la situación en tu país?
En cuanto a los derechos, disiento contigo. Los derechos humanos son para todos y los derechos de los niños, para todos los niños, pero nunca me hatocado ver una lista de derechos del doble que la de deberes. Disculpa que insista, pero me parece increíble.
No logro ponerme en sintonía con tu siguiente punto. Estamos hablando de visiones y experiencias tan distintas que me sorprende casi todo lo que me cuentas.
Gracias por la correción de la nacionalidad de la autora, ya está corregido el error. Nunca, en todo caso, he dicho que no sepa lo que pasa en su país. Un diagnóstico puede ser perfecto, pero no así la propuesta de tratamiento, a eso me refiero.
Efectivamente, quienes descalifican a priori, no tienen argumentos, por eso me he dado a la ya algo cansadora tarea de argumentar en todas mis respuestas.
Los problemas sociales son tan graves que la escuela no puede hacerse cargo de todos ellos, pero debe considerarlos en sus actividades docentes.
Respecto de las ideas de Enqvist, por enésima vez señalo que me refiero exclusivamente al artículo en comento. ¿Es tan difícil entender eso? Yo analizo lo que ella dijo en este artículo, no corresponde que me haga cargo de otros textos si explícitamente señalo que mi análisis se refiere a lo que acoté.
Es curioso, en mi opinión, en mi país, los más desfasados son los docentes universitarios.
Fíjate que creo que a muchos de ustedes les han dolido demasiados mis comentarios sobre Enqvist y ven y leen cosas que no dije.
Parece que los niveles de tensión en las realidades escolares son muy fuertes y me lamento verdaderamente de ello, pero mi artículo corresponde a un ejercicio intelectual de análisis crítico de un texto acotado y no un ataque personal a quienes apoyan las ideas de la autora.
Saludos,
Benedicto
Si te digo la verdad Manuel, no sé como deduces refuerzo de mis puntos respecto a los de Benedicto cuando más bien estoy en la línea de Juan. En fin, será la brevedad de mi exposición la que no aclare bien mi postura, pero, de verdad, apenas me quedan ganas de debate.
Probablemente, Benito, porque hay personas que siempre prefieren ver los puntos de unión, más que los de conflicto y eso es un gran mérito.
En todo caso, yo mismo he repetido varias veces un “de acuerdo contigo” en mis respuestas, aunque pareciera que no lo crees.
Benedicto
Creo que toda la lucidez en juego en un debate como éste ya ha quedado patente en intervenciones anteriores, por lo que pueda decir ahora quizás sea redundar en temas ya hoyados. Pero ya sea por pura expresión o por hacer quórum en las opiniones de las que quiero hacer eco.
La llamada pedagogía moderna ha gastado buena parte de sus esfuerzos para demonizar el fomento del esfuerzo entre los alumnos. Arrastra una estructura de valores tomada de la ya desfasada posmodernidad. Ésta ha creado la ficción de que la felicidad, en su concepción más paradisíaca, no sólo es un objetivo vital, sino el estado normal del ser humano, su entelequia. Toda persona que no esté en semejante estado de perfección ha de percibir su situación como un fracaso. De ese modo, el sacrificio, el esfuerzo, el trabajo, el error y la repetición son percibidos como anomalías que separan al individuo de su estado ideal. Y eso es perverso desde el punto en que se demoniza aspectos consustanciales a la vida normal de un ser humano y le hace sentir en un estado constante de frustración. Cuando la llamada pedagogía moderna teoriza sobre lo proscritos que han de estar los esfuerzos, las horas de estudio y los contenidos curriculares que no han sido elegidos por los alumnos, se hace con el paternal ánimo de protegerles de algo que forma parte de su misma naturaleza y que vienen a ser las herramientas con las que las sociedades han ido construyendo su progreso. Yo soy humano y me enorgullezco de tener la capacidad de tener la voluntad de esforzarme, de trabajar y de adquirir mi conocimiento sobre esa senda, todo ello como si fuesen los colores de mi equipo. Lo contrario es difícil de sostener, como demuestra una anécdota que tuve la oportunidad de presenciar en un curso de didáctica impartida por un pedagogo de la llamada línea progresista. Un auditorio de futuros profesores de diferentes especialidades le escuchábamos un bien aprendido discurso contra uno de los demonios de la pedagogía afín a dicha línea: la memoria. Vino a afirmar que la memoria debía ser totalmente desterrada de las aulas. En seguida intervino un licenciado en Geografía e Historia que le preguntó el modo de que los alumnos llegasen a saber las capitales de los distintos países y justo después un licenciado en filología inglesa hizo lo propio para el caso del vocabulario del idioma. También un químico con la tabla periódica y un matemático con las tablas de multiplicar. El ponente no pudo dar ninguna respuesta consistente.
También me ha llamado la atención tanto escándalo con el hecho de que se pueda cuestionar que el contenido de los conocimientos a impartir sea elegido por los alumnos. Efectivamente, lo absolutamente perturbador no es sólo que se cuestione la conveniencia o no de transmitir lo que ha sido producto de la cultura, la ciencia y el estudio de generaciones esforzadas en el progreso del conocimiento, sino que el criterio de tal juicio lo tendrían personas entre los 5 y los 17 años determinadas por circunstancias sociales y familiares dispares. Mi mujer trabaja en un instituto con un alumnado mayoritariamente perteneciente a la etnia gitana con serios problemas de exclusión social. Trabaja con un trato muy cercano a ellos y conoce bien cuáles son sus inquietudes intelectuales, los cuales oscilan entre el folclore flamenco, los valores y ritos de la religión evangélica y las técnicas comerciales del tráfico de estupefacientes con el que tienen que convivir en su barrio. No tienen ningún interés en conocer las reglas del álgebra o las construcciones gramaticales del inglés que, entre otros conocimientos, les permitirían acceder a los puestos de trabajo que les sacaría de la exclusión. El conocimiento es universal y tiene el gran poder de hacernos iguales y de ser instrumento de integración social, por eso no precisa de la sacrosanta adaptación a la diversidad que contribuiría a acentuar las desigualdades existentes. Por eso el discurso de la llamada moderna pedagogía es peligrosamente afín a los intereses de una parte importante de los gestores políticos que pretenden hacer de la enseñanza pública meros centros de acogimiento para la mayoría, donde el enfoque no es el de la formación, sino el de la estancia más apacible. Para el resto, para los que se lo puedan pagar, estaría una enseñanza privada de calidad.
En fin, tal como decía al principio, sólo se trataba de añadir algún aspecto a lo que con más lucidez y consistencia ya ha expuesto Juan. Vayan con él mis afinidades.
Estimada Fran, gracias por tu atento y documentado comentario. Ya he expuesto latamente mis opiniones sobre este tema y no quisiera repetirme. Muchos de los supuestos de los que hablas no puedo asumirlos, porque yo yampoco los comparto. Nunca he dicho, por ejemplo, que el esfuerzo de los estudiantes no importe ni he demonizado a quienes así lo consideran, porque yo también lo considero importante. Tampoco me he referido a la memoria en malos términos, pues es una herramienta intelectual absolutamente necesaria, aunque no la única ni la más importante, pero de allí a referirme en contra de ella hay un hemisferio.
Creo que muchas cosas se han confundido porque manejamos distintos conceptos y a partir de las trincheras semánticas no se puede comprender si no nos damos el tiempo de intentar entender al otro desde lo que dice, no desde lo que yo creo que dice.
Gracias por tu tiempo,
Benedicto
!Nunca!, !jamás! en mis 30 años de profesión, he oido “demonizar” el esfuerzo entre los alumnos por parte de los defensores de la pedagogia moderna. Como afirma Fran y ya no voy a seguir comentando más distorsiones de la verdad, porque estoy agotada.
Carmen, aquí se han dicho muchas cosas que, probablemente, nuestros colegas hayan escuchado o leído en algún sitio, pero concuerdo contigo que una mirada pedag+ógica verdaderamente moderna no podría nunca decir tonterías como las que nos achacan.
No te agotes. Yo siempre tengo la premisa de responder todos los comentarios y ya ni siquiera me molestan las incomprensiones o tergiversaciones que suelen manifestar mis eventuales contradictores.
Saludos,
Benedicto
Benedicto:
1.- Yo me estoy refiriendo a la exigencia del profesor hacia el alumno. Obviamente la autoexigencia del alumno para consigo mismo es más deseable pero me sitúo en caso de que esta no se produzca, es decir estoy delante del problema. La exigencia y la autoexigencia no son comparables, son dos cuestiones distintas ambas profundas y complejas.
2.- Sobreentiendo el despliegue metodológico del profesor con el objetivo de motivar al alumno y tengo plena confianza en que ese es el primer impulso docente por ser el más lógico, el más deseable y el más recomendable. Considero una obviedad su recomendación en este sentido dada su evidencia. Me sitúo de nuevo ante el problema, es decir ante el alumno que ni tiene ni acepta motivos para interesarse por el concreto bloque de conocimientos respecto al cual está tan obligado como su propio profesor. Toda experiencia docente está enfocada al aprendizaje, la bifocal perspectiva que usted señala al respecto (enseñanza – aprendizaje) me parece inadecuada, enseñanza y aprendizaje se nutren una de la otra.
3.- ¿Por qué supone usted ausencia de tales aspectos innovadores? ¿Por qué se cree más allá de lo señalado? . De nuevo estoy en el problema, el de la exigencia al alumno de mayor esfuerzo y trabajo. Dé usted por supuesta la innovación, la creatividad y las herramientas modernas, no prejuzgue.
4.- Existe alumnado adolescente, con trece o catorce años, motivado hace los trabajos de tipo laboral y desmotivado respecto del trabajo académico. Ello no es pecado ni tiene por qué ser un rango inferior. Pueden y deben darse estudios medios de carácter pre-profesional además de los estudios medios de carácter académico.
La formación profesional debe tener un rango perfectamente equiparable al de cualquier estudio medio (como empieza ya a tenerlo) y estar perfectamente canalizadas sus posibles vías de progreso hacia la universidad, cuestión aún pendiente de desarrollar al igual que la necesaria mejora de coordinación entre los entornos laborales reales (empresa) y los centros de formación correspondientes.
Respecto a lo de los talentos, efectivamente, caracterizase lamentablemente el sistema educativo por sus frecuentes meteduras de pata al respecto.
5.- ¿Por qué supone usted a los demás alejados de la innovación y anclados en lo inmutable?
6.- En el actual medio educativo no queda bien defender la importancia de la memoria en el aprendizaje, no queda bien reclamar esfuerzo al alumno, no queda bien exigir apoyo a la autoridad del profesor… y otros. Se desacredita al profesor que no recurre a argumentaciones bien-queda (comprensión, motivación, autoridad docente emanada de la comprensión del alumno…) a la vez que no se afrontan realmente los problemas graves que se denuncian. Usted mismo está presuponiendo arcaísmos, inmovilismos y otros respecto a un profesorado que no conoce y que argumenta de modo no coincidente al suyo.
7.- ¿A qué dicotomía se refiere usted en referencia a la autoraEnkvist ?
8.- Todos estamos hablando desde posturas docentes actuales. No proceden etiquetados facilotes (arcaico – moderno) , por ejemplo , el papel de la motivación en el aprendizaje no es moderno y el papel de la memoria tampoco. Ambos son viejos temas de estudio en pedagogía, como el esfuerzo, la autoridad, la tecnología educativa y otros.
9.- Evidentemente la obra de Enkvist no cabe en este artículo.
Benito:
1. Jamás me habría imaginado que algún sistema elimine la exigencia del profesor hacia el alumno. Soy exigente con mis estudiantes, trabajo en un colegio exigente y no he visto teorías que no lo hagan (salvo la de Alexander Neil en Summerhill). Sí he visto profesores que no exigen, pero ésa es otra cosa. Por lo tanto, de acuerdo, la exigencia no sólo debe darse, sino que debe ser permanente.
2. Un alumno que no es motivado por el docente, que no logra motivarse por su propia cuenta o que tiene cualquier problema al respecto, va a fracasar. Pero en lo personal, siempre lo considero un fracaso del profesor.
Si bien es cierto los procesos de enseñanza-aprendizaje se dan juntos, no es menor hacer la distinción. Docentes más enfocados en la enseñanza que en el aprendizaje, son docentes enfocados en su hacer (enseñar) y no en el éxito de sus alumnos (aprendizaje). No me diga que no ha escuchado nunca a colegas diciendo algo así como “yo enseñé, problema de ellos si no entienden”. De allí parten varias deficiencias evaluativas. Finalmente, el mundo moderno ha abierto nuevas opciones para la enseñanza y el aprendizaje, sin que el profesor esté presente. Hacer esta distinción no es menor, hay que tenerla en cuenta.
4. ¿Cuándo dije que era una enseñanza inferior la de orden laboral? Yo sólo dije que eso no se puede hacer con alumnos menores y que talentos sobresalientes fueron mal evaluados por (seguramente) malos docentes. La intención de ese comentario era señalar en forma taxativa que no siempre ésa es una alternativa.
5. Remitiéndome al artículo de Enqvist, porque ni siquiera lo menciona. Me remito al texto. Por cierto me alegraría que no fuera así.
6. ¿En qué momento hice eso? Yo dije que no conozco su entorno y no puedo opinar de él. Minimizar la importancia de la memoria es absurdo, tanto como endiosarla, pero yo tampoco me referí a ello. ¿Por qué achacarme lo que no dije?
Respecto a lo que supongo del profesorado que argumenta distinta a mí, está remitido y enmarcado a los argumentos que dan. Insisto que aquí hay notables imprecisiones conceptuales que hacen difícil entender los límites de lo que se dice. Si Enqvist no habla de creatividad ni innovación, ¿debía deducir yo que la considera? Es absurdo culparme por explicitar las falencias de un texto en un análisis crítico.
7. A lo que he señalado durante todo mi análisis. Los buenos resultados y la pedagogía no moderna (Finlandia) y los malos resultados con la pedagogía moderna (Suecia). Es una argumentación poco exhaustiva.
8. Benito, no confundas las cosas. Me referí a la motivación, porque está en el primer párrafo del texto de Enqvist y una buena lectura de él, señala que la motivación no es parte de sus prácticas o premisas. Cabe señalar que el término “moderno” también lo introduce la autora, yo sólo puse en concordancia el correspondiente antónimo, para argumentar adecuadamente.
9. Obviamente, la obra de Enqvist no cabe en este artículo y nunca señalé que así fuera. Yo comenté un artículo, del que doy la fuente de publicación. Incluso señalo que puede estar incompleto o mal traducido. En otra parte digo que buscaré otros artículos de la autora para hacerme una mejor opinión.
10. Finalmente, no puede entenderse este debate como un ataque a las posturas distintas a las mías, eso es absurdo. De hecho, si este blog no tuviera la costumbre de responder todos los comentarios, hace rato ya que habría dejado de lado este tema que se da vueltas en lo mismo, sin aportar nada nuevo.
Benedicto:
1.- En los estudios obligatorios se pasa por la edad aún en el caso de no superarse niveles requeridos de aprendizajes verificables. ¿Ejerce usted docencia en etapas educativas obligatorias?
2.- Es reduccionista atribuir problemas educativos actuales a la incompetencia del profesor que usted señala como mal profesor. El mal profesor existe como en cualquier tipo de profesión pero yo no estoy hablando aquí de malos profesores. Las opciones de enseñanza – aprendizaje en ausencia directa del profesor no son nuevas, contamos con más de cien años de experiencia basados en la correspondencia y la telecomunicación que preceden a la actual telemática en un acelerado proceso de crecimiento. El papel del profesor varía pero no se altera substancialmente el proceso de enseñanza – aprendizaje.
4.- De acuerdo, a veces sí y a veces no, por ello la permeabilidad entre diferentes líneas de formación (aún indefinidas) en las etapas educativas obligatorias debe ser absoluta.
5.- No percibo lo leído de Enkvist contrario a la innovación educativa.
6.- Sí, como usted señala “…aquí hay notables imprecisiones conceptuales que hacen difícil entender los límites de lo que… “ … decimos.
7.- Yo percibo tan moderno el sistema educativo sueco como el finlandés, o el francés, inglés o español. Estamos hablando de sistemas educativos actuales aunque varíen prácticas pedagógicas, circunstancias socioeconómicas, liderazgo experto y otros.
8.- No me parece que Enkvist descarte el factor motivación en los procesos de enseñanza – aprendizaje. Lo que creo que hace es no paralizarse en ese aspecto cuando no da el resultado deseado y no culpabiliza exclusivamente al profesor ante esta contingencia.
9.- Yo pienso hacer lo mismo.
10.- Alabo y agradezco su disponibilidad para las respuestas. Demuestra usted con ello que no se limita al discurso (magíster dixit). Esto dice mucho en su favor.
Estimado Benito, disculpa la demora en la respuesta, pero he estado sumamente atareado. Como habrás podido darte cuenta las posiciones se han ido acercando en la medida en que las barreras semánticas van cayendo y, por cierto, no me cierro a la posibilidad de que, en la medida en que conozca más los postulados de Enqvist más de alguna cosa me parezca interesante. Seguramente el artículo en comento no da debida cuenta de toda su mirada pedagógica.
Agradezco infinitamente tus amables comentarios, no me parece razonable seguirme repitiendo en las ideas, las posturas están claras, por cierto volveré sobre el tema en cuanto pueda, estoy buscando más material de la autora para comentarlo, en el ánimo de mantener viva esta sana discusión.
Un abrazo a la distancia,
Benedicto
No entiendo la animosidad de Juan, Fran y Benito con el profesor Benedicto. Argumentan descontextualizando lo que él dice, tergiversando sus apreciaciones, señalando cosas que nunca dicho y defendiendo a ultranza un artículo de una autora que innegablemente no es muy pertinente. Ante ello, cabe preguntarse:
1. ¿El artículo no da cuenta de la visiòn pedagógica de la autora? Error de la autora, no de Benedicto
2. ¿El artículo da cuenta perfecta de la opinión de la autora y le falta lo que le falta porque la autora asì lo quiso? Toda la razón tiene Benedicto al hacerlo notar.
Lo grave, me parece, es que una docente prestigiosa como Enqvist, genere tanta polémica no por sus ideas pedagógicas, sino por la confusión semántica que generan sus planteamientos y conceptos. Si eso pasa entre adultos…¡que se cuiden sus alumnos de entenderla!
Está claro que me van a decir de todo, pero es que deben entender que uno se cansa de tanto argumento mal encajado que escriben. ¿Por qué no buscan un blog donde aplaudan a la profesora sueca y se tiran flores entre todos? Este blog es de los más serios que existen educación y me carga que muchos lectores y seguidores no se den tiempo para contarrestar las ideas añejas de tres visitantes eventuales.
Gracias, Danilo, amables palabras y amables esfuerzos por clarificar mis posturas. Yo no me ocuparía tanto de ello, como de compartir una opinión más personal. Sigo pensando que estamos ante un error semántico debido a las distintas connotaciones que le damos a los términos.
Gracias por opinar,}
Benedicto
Querido Danilo, efectivamente soy uno de esos “visitantes eventuales”, pero no te preocupes que pronto dejaré de serlo. Así os podréis seguir “echando flores” vosotros, los defensores de los establecido, de la pedagogía del siglo XX, que ya no es tan moderna, de los que se empeñaron en hacer la revolución desde el colegio olvidando que toda revolución debe partir del conocimiento, precisamente eso que tanto desprecian para la masas.
En cuanto a Inger Enkvist, antes de criticarla hay que leerla; y resulta ser una de las personas más lúcidas y valientes que escriben hoy en día sobre educación. Todas sus ideas parten de una realidad que se da en España desde hace años, desde que se implantó la nefasta LOGSE, por cierto, por un partido que se dice socialista. Y es sabido que esa realidad en los centros educativos se da también en otros países, por lo que tienen mucho en común.
Saludos desde Crisis Educativa
Estimado Juan, gracias por detenrte a leer y comentar, todas las opiniones son bienvenidas.
Benedicto