Lo interesante de esta novela de Guillermo Blanco publicada en 1990, es la forma cómo aborda el antiguo tema de la vida de José, María y Jesús, en medio de la dominación romana.
Ariel, el protagonista de esta novela, es un judío que, sin embargo, ha vivido siempre en Grecia y aunque conserva la Tradición familiar y cree en la religión de sus padres, tiene una mirada más amplia, más de mundo, por decirlo de alguna manera.
Al llegar a Palestina, es recibido amablemente por su familia e inicia, de ese modo, la vida de judío que le corresponde en el modelo social de la época. La casa de los parientes donde se aloja es vecina de otra, donde vive el carpintero Yosef ben Jacob y su familia, integrada por Miriam y Yoshua.
Ariel se empapa de la vida de la comunidad judía, aunque tiene reservas, la idea de la llegada de un Mesías le genera conflictos internos en sus creencias, es una esperanza coectiva, social, política, que Ariel, cuya formación más intelectual le hace adoptar una postura más distante sobre el tema, pues la vida le ha enseñado que Dios, o los dioses, según sea el caso, intervienen menos en la vida cotidiana que lo que se les atribuye y los hechos que vivimos suelen ser una sucesión de causas y efectos bien humanos por lo demás. No termina de convencerse, entonces, de la espera de un Mesías enviado por Dios para liberar su patria.
La brutalidad de los soldados romanos es mostrada de diversas maneras, pero el episodio donde Ariel es maltratado y como consecuencia queda inválido, es de una calidad notable y se convierte en un hito de esta novela. Al no poder trasladarse por su cuenta, Ariel queda más tiempo en la casa y en ella, junto con analizar su vida empieza a poner atención a aquello que pasa en la casa vecina.
Miriam, la madre del pequeño Yoshua es una mujer extremadamente dulce y amable, toda su familia lo es, en realidad, pero para Ariel Miriam destaca. Una tarde la escucha cantar “Soy la esclava del Señor, que se haga en mí según palabra” y Ariel empieza a percatarse de lo especial que es esta mujer. Este episodio es, por cierto, otro hito en la novela.
La obra, ambientada en “un vértice crucial de la historia de la humanidad”, según lo define Juan Antonio Massone en el comentario final, es un relato donde se funden una adecuada mirada a la dominación romana, un respeto esencial a los relatos evangélicos, una oportunidad para refexionar sobre el ser humano y su entorno y un ejemplo de cómo a veces las creencias religiosas, los dogmas, no son siempre asimilados por la experiencia concreta y real de los individuos.
Hermoso libro que en esta Semana Santa me parece importante recordar, releer o conocer, según sea el caso.
prof. Benedicto González Vargas
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