Anacaona es uno de esos personajes inolvidables de los tiempos de la conquista española que parece envuelto en un velo de leyenda, romanticismo y hasta misticismo. La altiva y hermosa cacica de Jaragua, que ha pasado a la historia como una soberana amante y preocupada de su pueblo, querida por éste y experta recitadora y (tal vez) creadora de poemas que declamaba en los areítos y dueña de una belleza cautivante es quien le da nombre a esta obra del escritor colombiano Luis Darío Bernal Pinilla. Si uno lee la contraportada, se encuentra con el siguiente relato:
“Desde un costado de la plazoleta, el pueblo acompaña su reina. Anacaona sube los tres escalones que le separan de la plataforma; se ve derrotada pero no vencida, no gime ni se queja. El verdugo se acerca a ella, le coloca la soga en torno al cuello, luego la ayuda a subir a un taburete y templa la cuerda. Anacaona alza la cara por encima del horizonte; contempla a su gente. El verdugo le quita el taburete. El nudo se corre…”
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Escrito por prof. B. Andrés González Vargas 








