Hace algunos días, miestras estábamos afanados en una clase sobre las lenguas romances, se acercó uno de mis estudiantes de Segundo Medio, un joven amable y con dotes de líder, Gustavo Méndez, y con gran discreción me hizo entrega de un regalo: un libro de poemas. Casi todos mis alumnos saben cuánto valoro la poesía, de hecho, todos alguna vez han escuchado mis absurdas clases de poesía y por lo tanto, un libro como el recibido, es como un frasco de miel para mí.
Fue así como conocí la poesía de este escritor chileno que merece ser más conocido entre quienes amamos la poesía en particular y las letras en general.
Trabajo de Campo es una suerte de antología donde el autor reúne aquellos poemas ya publicados en poemarios anteriores en que se refleja ellimpio y arduo trabajo de la naturaleza en cada una de las etapas en que se manifiesta. Como dice el autor, esta libro es “el verdadero trabajo de campo (no el del hombre) si no el de la naturaeza, e trabajo de las estaciones”.
Y efectivamente, en cada una de las páginas nos vamos encontrando con destellos relucientes de esta poesía agraria, forestal, natural, bucólica a veces y casi siempre poseedora de simbolismos y analogías espirituales plenamente reconocibles o apenas esbozadas u ocultas en un verso flamígero.
“Está en la noche colmada de estrellas;
en la obscuridad de los hombres tenebrosa,
en la magia del alba que la sigue.
Cuando apacienta alces (que son hombres)
en pradera de cizaña y no envilecen.
Su semilla es átomo que lleva el águila
del aire al mar, a las llanuras,
y sobre el cielo de los hombres pende.”
(fragmento)
Indudablemente el secreto y la magia de lo que “está en la noche”, es algo que nos involucra y nos afecta, aunque no seamos capaces de darnos cuenta.
Desde la vereda más próxima al esplendor de la naturaleza, el poema Es junio, María nos seduce con esta pintura:
Es junio María. Hay hojas rojas
en los árboles junto a la puerta del
invierno.
Sobre la tierra oscura
ritmos nuevos tocan una música
que no puede cantar
y un atado de rosas y de lirios
danzan en la noche,
ascienden luminosos
estallan en estrellas.
(fragmento)
Hermoso libro este que nos regala Alejandro Méndez, poeta de Lontué, en cuya palabra refulge el verbo apasionado de la poesía y, aunque no lo conozco, de seguro en su frente, dibujado con letras etéricas, podrá verse impreso el sello de los elegidos.
Ignoro dónde encontrar este libro hermoso, podría averiguarlo para quien se interese, pero la invitación a leerlo, releerlo y regalarlo, es para todos.
¡Gracias, Gustavo, por tu regalo! ¡Gracias, Alejandro, por tus versos!
prof. Benedicto González Vargas
Otros comentarios de libros:
Juanilla, Juanillo y la abuela, de Alicia Morel
Donde el corazón te lleve, de Susanna Tamaro
En el centro de tu nombre, de Juan Antonio Massone
El Jardinero Fiel, de Clarissa Pinkola Estés.
Los hijos de Selene, de Ralph Barby
Gracia y el Forastero, de Guillermo Blanco
Escucha mi voz, de Susanna Tamaro.
Los Hijos de la Luz, de César vidal.
Fuego bajo la nieve, de Palden Gyatso.
Un día en la vida de Iván Denisovich, de Alexander Solzhenitzyn.
El Romance de Leonardo, de Dmitri Merezhovsky
El Especialista, de Charles Sale
En busca del rey, de Gore Vidal
Romance del duende que me escribe las novelas, de Hernán Rivera Letelier
Don Guillermo, de José Victorino Lastarria






