A propósito del SIMCE, un buen ejemplo pedagógico

Poniéndome al día con mis lecturas sobre actualidad pedagógica que he tenido pendiente una enorme sobrecarga de trabajo, me encuentro con un rectorte que dejé aparte de la sección Educación del diario El Mercurio del dos de junio recién pasado.
En efecto, bajo el título de “Las claves de tres colegios que sorprendieron”, se muestra la realidad de tres distintas instituciones que obtuvieron excelentes resultados en el SIMCE 2007. Como, lamentablemente, para los lectores no suscritos no hay acceso a información de ediciones anteriores, voy a hacer una reseña, con comentarios propios, sobre este interesante, aunque breve, artículo. Me centraré en el primer ejemplo:

La escuela municipalizada que más subió en el SIMCE recién pasado es la Escuela Rural Quinahue, ubicada a doce kilómetros de la bucólica ciudad de Santa Cruz en la VI Región de Chile. Lo más sorprendente de este caso es que esta pequeña escuela no tuvo un plan específico para enfrentar esta prueba (como sí lo tienen varios colegios, sobre todo en la capital), más aún debieron lidiar con la contingencia siempre engorrosa de cambiar docentes durante el año. De hecho, el actual plantel docente de dicha escuela es todo nuevo y nadie de los actuales profesores hizo clases allí en 2007, año en que se rindieron tan exitoso SIMCE. Recabando información por aquí y por allá, la periodista Carmen Rodríguez logra detectar que las clases en el segundo semestre las dio el director anterior, don Hugo Catalán, quien revela que no hubo un preparació específica.
¿Qué explica, entonces el éxito de esta escuela?
Me atrevo a aventurar dos razones, una que el diario en comento menciona explícitamente y con la que concuerdo, y otra que deduzco de las palabras del Sr. Catalán.
Según el diario el encargado de Educación del municipio dice, respecto del éxito: “No me sorprende. Hugo fue, durante mucho tiempo, unidocente en la escuela rural de Paredones y siempre obtuvo buenos resultados. La otra profesora que tuvieron esos niños fue Sonia Alarcón, hoy jubilada, que años atrás logró el mejor puntaje regional con su curso. Esta vez se juntó un grupo de alumnos valiosos y Sonia y Hugo les dieron el toque final”.
Plantearlo así, en todo caso, es casi reconocer una casualidad, pero no es tal. Ha quedado varias veces más que demostrado, que buenos docentes obtienen buenos resultados y esta es una clara confirmación de ello.
Hugo Catalán por su parte, dijo lo siguiente: “Eran alumnos preguntones, inquietos. Yo trabajé mucho con ellos la comprensión de lectura, porque esa es la base de todo aprendizaje, en todas las áreas” y “siempre les dije a estos niños, ustedes van a dar uan sorpresa”
Se nota, con absoluta claridad, aunque no lo diga explícitamente (y esto haya sido invisible para el encargado de educación municipal), que había una alta expectativa en la capacidad de sus alumnos y esto es fundamental, porque es otro hecho que se repite en forma permanente y, aunque uno quisiera, no suele ser una idea común en nuestros docentes. Suelo escuchar colegas que se quejan de sus alumnos, que les pronostican fracasos futuros (que casi siempre se desmienten) y que cierran su comentario con expresiones del tipo “con gente así no se puede hacer nada”.
La alta expectativa de este docente, don Hugo Catalán, en un colegio rural sin teléfono ni internet, seguramente con nieveles familiares socioculturalmente deprimidos y con una biografía familiar cuya mayor expectativa es salir del pueblo, si les va bien, o dedicarse a las actividades agrícolas que desde siempre la familia realizó, si es que, como dicen en el campo “no tienen cabeza” o “no tienen plata”.
Romper eso requiere convicción y valentía y el profesor Catalán parece reunir ambos valores en grado sumo.
Los crítico de siempre podrán decir que es un caso aislado o que “es muy fácil trabajar con solo siete alumnos”, pero la realidad incontestable es que estos niños dieron un salto enorme porque se creyó en ellos y no se los estigmatizó ni por ser rurales, ni por ser inquietos o preguntones. Toda una lección para mis colegas que sueñan con alumnos quietecitos, silenciosos y poco inquisidores. En el mundo de hoy, eso no es (creo que no ha sido nunca) sinónimo de una buena clase.

prof. Benedicto González Vargas

temas relacionados:

Reflexionando en torno al resultado del SIMCE

Evaluación Docente I

Una respuesta para “A propósito del SIMCE, un buen ejemplo pedagógico”

  1. Ministra de Educación y lo que es necesario hacer « Educación y Pedablogía para el siglo XXI Dice:

    [...] A propósito del SIMCE, un buen ejemplo pedagógico [...]

Escribe un comentario