Las reformas educacionales latinoamericanas y el liderazgo


Desde hace más de una década diversos países de Latinoamérica, entre ellos Chile, iniciaron procesos de Reforma Educacional inspirados más o menos en parámetros similares. Qué duda cabe que el Informe Delors y la Reforma Educacional Española fueron, en su momento, los ejemplos a seguir.
En la práctica, al menos en nuestro país, la Reforma se implementó aumentando la Jornada Escolar, modificando los programas de estudio y las cargas horarias, insistiendo en reformas metodológicas por partes de los docentes, instaurando programas de evaluación docente y, hay que decirlo claramente, incrementando como nunca antes el presupuesto para Educación.

Sin embargo, los resultados todavía no se ven.
Algunos optimistas, por cierto, exhibirán los resultados del último Informe Pisa para argumentar que vamos mejorando. Pero desde estas páginas hemos insistido bastante en que sólo debemos tener moderado optimismo con el resultado en cuestión. Y ello porque pese a todos los esfuerzos económicos y los sesudos estudios de los expertos, nuestra educación sigue al debe en cuanto a calidad y visión del rol que la educación debe cumplir en la sociedad del siglo XXI.
En ese contexto, ¿Dónde puede localizarse, entonces, la falla sistémica que hace que la calidad de la educación siga detenida pese a los enormes esfuerzos de las autoridades?
En mi opinión, no hay que ser muy brillante para darse cuenta que es un problema de gestión. No se saca nada con tener más recursos si estos se dilapidan en programas ineficientes y se entraban en burocracias anquilosadas que no conocen otra forma de operar que con la lentitud del aparato público de principios del siglo XX.
A estas alturas, aunque resulte majadero señalarlo, hay que decir que el aumento de recursos, por sí solo, no asegura una mayor calidad educativa. lo que ocurre es que, junto con aumentar los recursos, debe también aumentar la efectividad, pero este concepto es esquivo, huidizo y a menudo en educación se entienden distintas cosas cuando se lo invoca. Sin embargo, me gusta aquella definición que leí alguna vez en algún sitio que dice que la efectividad en educación significa que las escuelas logren sus metas educacionales cualquiera sea el medio socioeconómico en que se desenvuelvan los alumnos. Una utopía, aunque también una praxis.
Ahora bien, ¿cómo se consigue esa efectividad, esa mejor gestión? Aunque duela decirlo, creo que se requiere un cambio drástico en la mentalidad de las autoridades educacionales de rango medio y, sobre todo, en los propios directores y rectores de escuela y sus equipos técnico-pedagógicos, que suelen vivir añorando prácticas que han quedado obsoletas y que van muy a lazaga no solo de las nuevas habilidades comunicativo-digitales de los alumnos, sino de todas aquellas que una mirada atenta aconseja tener en cuanto al perfil del capital humano que se requiere formar para el siglo XXI.
Es aquí, en mi opinión, donde surge el Liderazgo. Cuando en un colegio sus autoridades no solo se constituyen en autoridad dotada de poder administrativo, sino que logran dar el gran salto y se constituyen en autoridad real, por su liderazgo académico, los resultados van apareciendo no por arte de magia, sino que gracias a una mirada emprendedora, dinámica e innovadora en educación.
Una mirada que logre reunir dos almas que se han ido separando en el quehacer de los docentes directivos: lo pedagógico y lo administrativo.
En todas partes nos encontramos ejemplos que ilustran cómo muchos directores no han resuelto el problema y adoptan una suerte de militancia, dedicándose a una u otra área con mayor entusiasmo e ideas.
Esta aparente tensión entre ambos frentes ha ocasionado ya demasiados problemas en la administración de los recursos y prácticas en cada unidad educativa, pero cuando esto también ocurre a nivel de autoridades ministeriales de cualquier rango que sean, es como un efecto dominó que impide aprovechar los mayores recursos e implementar los cambios esperados.
Por otra parte, otro problema que surge en torno al liderazgo, son visiones anticuadas de éste que obligan a los “candidatos a líderes”, a los directores de los colegios, a aparentar que conocen y dominan el espectro de problemas posibles y tienen siempre una propuesta de solución acabada.
Entendiendo un liderazgo participativo más como una política sistemática de consultas a sus comunidades educativas con la capacidad para ir poniendo temas nuevos en lo pedagógico, institucional, valórico, etc.
Pareciera ser que un líder que ofrece más preguntas que respuestas no es un líder. Y, en mi opinión, mientras eso siga así, seguiremos dilapidando recursos y estancados en la calidad.
¿Qué hacer, entonces? Generar liderazgos que permitan ir creando una visión institucional con objetivos, que busque operaciones efectivas a través de la contribución y colaboración de todos los actores, que se vincule con los entornos que le son propios y que sea tan incluyente, que el arcaico (y a menudo ineficiente) “líder democrático” que sometía todo a votaciones inconducentes, pero que era (es) políticamente correcto, logre alzar las alas y la mirada para convertirse en un líder que guíe a su comunidad a encontrar las respuestas necesarias para mejorar sus prácticas.
Habrá entonces que diseñar estándares de liderazgo directivo docente.
Habrá entonces que impulsar una renovación en el mundo directivo de nuestras escuelas, no a nivel de personas, al menos no en principio, pero sí a nivel de la mirada que los directivos tienen respecto de su propio rol e influencia en los resultados de la calidad educativa.
Cuando siempre escucho que el problema educativo pasa por la calidad de los profesores. Siempre pienso que un porcentaje importante tiene que ver con la responsabilidad de los directores y sus equipos directivos. Soy un convencido de que cuando las autoridades exhiben un auténtico liderazgo, un lidreazgo significativo, como a mí me gusta llamarlo, empezamos a ver cómo brotan los liderazgos docentes en las aulas y eso impulsa a mejorar la calidad de todos.
Si no avanzamos en esto, podremos quintuplicar el presupuesto en educación y no tendremos resultados mejores a los de hoy o a los de hace diez años, y habremos perdido -otra vez- la oportunidad de dar un salto hacia el futuro.


prof. Benedicto González Vargas

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10 comentarios para “Las reformas educacionales latinoamericanas y el liderazgo”

  1. Alberto Christin Dice:

    Estimado Benedicto
    Muy interesante tu “post”, y valioso porque apunta a reflexionar sobre un problema que es de todos. Te escribo desde la Provincia de San Luis (Argentina), que está a unos 600 km al este de Santiago de Chile, y coincido plenamente con el diagnóstico formulado y me permito hacer algunos agregados.
    A la falta de liderazgo le sumo la carencia en lo político, nuestros dirigentes se limitan a aspectos formales en Educación, y no conducen hacia prácticas imprescindibles para el mejoramiento de la calidad educativa, ¡hay que leer más!, ¡dejar de estar hipnotizado por la TV!, además que para mejorar la distribución del capital cultural, es imprescindible en forma paralela mejorar la de los recursos económicos.
    Espero que puedas continuar con tu esfuerzo, y podamos mantener un fluido intercambio, mientras te invito a visitar mis blogs, a los que se accede mediante http://edusanluis.blogspot.com
    Un saludo
    Alberto

  2. prof. Benedicto González Vargas Dice:

    Agradecido de tus palabras y, por supuesto concuerdo contigo respecto de la mirada de falta de liderazgo.
    Visitaré pronto tu blog,
    un abrazo,

    Benedicto

  3. Enrique Lavín Orellana Dice:

    El tema de la educación es un tema país…

    Enviado por Enrique Ernesto Lavin Orellana el 14/04/2008 a las 07:48 PM

    …si no somos capaces de mejorar los resultados de nuestra educación, estaremos sin ninguna posibilidad de salir del subdesarrollo.

    La velocidad de la innovación tecnológica nos sumirá en el más terrible “tecno-analfabetismo”.

    Hoy, los países pequeños y sin recursos naturales han logrado salir de su letargo económico con mejoras sustanciales en educación.

    De alguna manera, el desarrollo se mide por la cantidad de ingenieros que egresan cada año.

    Educación de verdad. Mantenida con criterios técnico-pedagógicos. Sin consideraciones político-partidistas, las cuales sólo enrarecen y empequeñecen el tema.

    No puede ser que la enseñanza parvularia, básica y media dependa de organismos “gerenciados” por ineptos más preocupados de la próxima campaña electoral que del éxito de la gestión educativa.

    Es escandaloso el despilfarro de los recursos. Corporaciones municipales atiborradas de funcionarios innecesarios e ineficientes. Las cuales, para colmo de sus males, están administradas por Alcaldes que a duras penas lograron el cuarto medio. Los hay tambien analfabetos.

    El tema país de la educación, es un tema demasiado serio para seguir soslayando sus carencias y deficiencias.

  4. prof. Benedicto GFonzález Vargas Dice:

    Estimado Enrique
    Enviado por Benedicto el 14/04/2008 a las 10:06 PM
    Comparto plenamente su opinión. En el artículo no he querido ser tan fuerte como Ud., pero qué duda cabe que todos hemos conocido jefes provinciales, municipales, directores y jefes técnicos, que son claramente ineptos, como Ud. los califica.

    Gracias por su comentario,

    prof. Benedicto González Vargas

  5. Enrique Lavín Orellana Dice:

    Benedicto…

    Enviado por Enrique Ernesto Lavin Orellana el 14/04/2008 a las 10:20 PM

    …lo importante es que personas como tú y Daniel sigan en el tema.

    Somos una aguja en el pajar, pero una y otra y otra, pueden llegar a pinchar los lindos traseros de nuestros gobernantes.

    Saludos.

  6. M Navarro Dice:

    Algo comparto!
    Enviado por mnavarro el 14/04/2008 a las 09:20 PM
    Es en parte verdad que cuando el líder de una organización presenta una visión de futuro, que puede traspasar a sus subalternos, se puede lograr un paso! Sin embargo con los profesores pasa algo parecido a lo que ocurre con muchos gremios, se atrincheran y el empedrado es siempre el culpable.

    El que postea habla de quintuplicar el presupuesto y no pasará nada, pues a partir de 1991 más que quintuplicado el ingreso, y no hemos duplicado aún los estándares.

  7. prof. Benedicto González Vargas Dice:

    Apreciado Miguel
    Enviado por Benedicto el 14/04/2008 a las 10:08 PM
    Creo que estamos de acuerdo en más de algo. Lo que ocurre es que especialmente en un gremio difícil y poco innovador como el docente, se requieren liderazgos académicos en la dirección de los colegios y de las autoridades educativas.

    Precísamente por lo que tú señalas con tanta razón es que no podemos tener personas ineficientes a cargo de las unidades educativas.

    Por otra parte, “el que postea” afirma igual que tú que podrán multiplicarse los presupuestos en educación, pero si no se cambian las jefaturas inconducentes por liderazgos significativos, seguiremos marcando el paso en educación.

    Gracias por tu comentario,

    prof. Benedicto González Vargas

  8. fabian Dice:

    Comparto ampliamente lo referido al liderazgo significativo. Vivi esa realidad por 6 años en un liceo politecnico. No sabe lo desgastante que puede llegar a ser darse cuenta que se esta solo, ya que cada todo el mundo trabajaba solo, y los lideres (interinos) solo lograban separarnos más, debido a la falta total de manejo tecnico-pedagogico.
    Gracias a Dios pude irme de allí.

  9. prof. Benedicto González Vargas Dice:

    Conozco la realidad de la que hablas. Nuestros docentes directivos tampoco están preparados para liderar el cambio y por ello suelen ser más un obstáculo que un punto de apoyo.
    Gracias por tu comentario,

    Benedicto

  10. Patricio Sarmiento Dice:

    Estimado Sr. Benedicto.

    Esa es la realidad como Pais sin educación, usted habla muy bien de los directivos de colegio, pero me cabe una duda, los directivos de universidades que educan jovenes que para el dia de mañana saldran como profesionales, tendran las mismas displicencias que un directivo de un colegio?

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