Los hijos de la Luz (de César Vidal)


Quiero hoy comentar esta novela policial presentada como una ficción histórica que se apoya fuertemente en la veracidad de los hechos que son narrados como telón de fondo de las aventuras detestivescas de la pareja formada por el grafólogo Lebending y el policía Koch. Si he de creer en la reseña impresa en la contratapa, es una novela entretenida, trepidante y eléctrica, lo que ambientado en los tiempos de la Revolución Francesa y con un complot masónico-illuminati para apoderarse del mundo, tenemos los ingredientes perfectos para iniciar la lectura de uno de esos libros que no nos dan respiro hasta la última página y que no nos permiten dejar la lectura.
Con ese entusiasmo, me di a la tarea de leer la obra.
Si he de calificarla en una sola palabra, ésta no sería otra que decepción.

De la novela trepidante y eléctrica que me presentaron, me encontré con un relato cancino, plano, desesperantemente obvio en muchos momentos, altamente ideologizado (lo que en sí no es nada malo, pero aquí la ideología y la propaganda terminan matando a la obra), exasperantemente reiterativo en detalles innecesarios (como la aficción al café de Koch), machista hasta lo insólito (las mujeres no tienen importancia en el relato y la única que adquiere cierto valor narrativo, es un personaje silencioso que vive a la sombra de un hombre al que ama en silencio y al que espera por siempre).
La estructura de la obra, algo confusa al principio, es la intercalación de tres tipos de relatos que van uniéndose poco a poco y terminan adquiriendo sentido: imágenes y sucesos de la Revolución Francesa, de la época del Terror, donde abunda la sangre, el miedo y la opresión, aunque en casi ningún caso son relatos apasionantes o que lo dejen a uno en vilo. Salvo, eso sí, casi al final de la obra, cuando Lebending, prisionero y engrillado, se enfrenta al malvado Espartaco. Allí hay momentos de interés y tensión, pero, lamentablemente, cuando el protagonista pierde esa pelea y va a ser asesinado, lo que da la mayor tensión dramática a toda la obra, el autor saca del sombrero de mago, como si fuera un conejo, un hecho rigurosamente histórico (la caída de Robespierre), pero puesto aquí de manera tan inverosímil que cualquier historieta mediocre de super héroe daría una clase magistral al autor de cómo salvar a un personaje sin caer en el absurdo. Lo peor, es que al autor lo hace dos veces, porque ambos protagonistas debían morir si la historia se hubiera mantenido verosímil, pero había que salvarlos a toda costa, a riesgo de terminar la novela en la mitad y con el triunfo ideológicamente incorrecto de los masones.
La segunda trama es la investigación sobre un peligroso criminal que puede desestabilizar la sociedad bávara de la época. Capítulo tras capítulo se va avanzando en una investigación carente de todo interés, predecible hasta para el lector menos avisado. Un fiasco.
El tercer elemento que estructura la narración son los apuntes grafológicos del profesor Lebending. Son capítulos brevísimos en que, cual tratado de grafología, el personaje va anotando los rasgos característicos de las personas según la forma de su escritura. Debo conceder que es un recurso interesante, que sorprende su uso en esta novela y que tiene momentos muy bien logrados, pero pareciera que el autor se empeña en dañar lo que mejor escribió, porque estos capítulos que debieran ser puntales de la obra, se malgastan al contaminarlos con una suerte de pretendida predicción infalible, con el abuso de centrarse en un solo personaje, Koch, para casi todos los ejemplos, restándole fuerza y vigor.
A estas alturas, cabe preguntarse, ¿qué es esta obra? Ya dije que, fundamentalmente, es una novela policial, pero es una pésima novela policial si ambos detectives son burlados siempre por el malvado villano y nunca logran ellos resolver satisfactoriamente el caso.
Entonces es una novela histórica, porque dicen los que saben (yo solo lo repito), que el trasfondo histórico es riguroso. No estoy de acuerdo. La novela histórica se basa en personajes históricos reales, ciñéndose a su biografía e incorporando sucesos ficticios donce la historia no registró hechos irrefutables. No es el caso. Los policías son ficticios y los personajes reales están apenas esbozados en la trama, salvo, claro está, el villano Espartaco, pero claramente esta no es su historia…
Tampoco es un relato de aventuras, porque su lentitud y predecibilidad lo impiden.
Entonces, en mi opinión, aquí estriba el problema de la obra, carece de género, lo que podría ser un acierto, pero en este caso no lo es porque no aporta nada nuevo y sí se requiere mucho de lo que falta.
Finalmente, el peor pecado es su sobresaturada postura ideológica. Poco me importa que el autor sea más bien hombre de derechas, cristiano protestante, antimasón, clasista y todo lo demás que se revela en la obra. Lo que es imperdonable es que esta postura ideológica sea la que haga fracasar una rica trama, una buena idea literaria.
Aquí el villano y todos los malos son masones. Todos ellos representan la maldad diabólica desatada en la Tierra. Los buenos son los cristianos, pero ojo, hay buenos tontos. El único bueno inteligente, brillante, sabio, protegido por la Providencia, es Lebending que es, por cierto, declaradamente protestante.
En definitiva, como dijo un crítico, ante una obra tan poco lograda termina uno agradeciendo que sea breve.
Pero no se desanime, léala, tal vez a Ud. le guste. De hecho esta novela ha ganado premios y ha sido bien comentada por la crítica.
Sobre todo léala si Ud. comparte, aunque sea de lejos, la postura ideológica del autor, especialmente su visión cristiana-determinista.
Al fin y al cabo, la literatura es una experiencia personal y subjetiva, estos comentarios son apenas un ejercicio de análisis público y con pretenciones de objetividad.
prof. Benedicto González Vargas

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6 respuestas a Los hijos de la Luz (de César Vidal)

  1. Antonio dice:

    No es ninguna sorpresa esta crítica tan negativa. La novela obtuvo el Premio Ciudad de Torrevieja y uno de los miembros del jurado, el novelista y poeta José Manuel Caballero Bonald, la calificó como ideológicamente detestable:
    http://www.elmundo.es/elmundo/2005/10/01/cultura/1128124663.html
    César Vidal es conocido en España por su aparición en tertulias radiofónicas de tipo polémico, sobre todo desde la crítica rancia al gobierno socialista. Al margen de ello, suele publicar cuatro o cinco libros al año, abordando todos los saberes (el último pretende convertirse en un canon de la cultura hispánica).
    No dudo de sus habilidades narrativas, pero es evidente que, con ese ritmo de trabajo, no se puede esperar calidad. Un saludo.

  2. Gracias, Antonio, por tus palabras. La verdad es que concuerdo con Caballero Bonald. No me molesta un obra por el solo hecho de manifestar una ideología que no me gusta, de hecho, una obra puede estar en las antípodas de mis creencias y resultarme muy buena. Lo que me pasó con los Hijos de la Luz es que, en mi opinión, adolesce de dos graves problemas:
    1. No es una novela completa ni bien hecha desde la perspectiva de ningún género temático y

    2. Su marcada ideologización es tan evidente, que la trama de la obra está halada de los cabellos para que calce con las ideas del autor. En otras palabras, es más propaganda militante que obra literaria.

    En todo caso, no he leído otras obras de Vidal, así que no puedo opinar sobre el resto de su obra.

  3. me has convencido

    Enviado por Pedro Verdugo el 16/03/2008 a las 20:09

    La verdad es que las críticas que, como ésta, destruyen un libro, me parecen tan interesantes que me dan ganas de leer el famoso libro sólo para evaluar si comparto los juicios, en cuyo caso no dejaría de sumarme a las diatribas, o si discrepo de él, tras lo cual lo interesante sería debatir sobre el punto.

    Pero la combinación policíaca – histórica no está muy entre mis apetencias, así que por el momento me estoy quedando con mis lista de “próximos libros” tal como estaba, sin nada de César Vidal.

    ¡Saludos!

  4. ¡Gracias por el voto de confianza!

    Enviado por Benedicto el 23/03/2008 a las 22:28

    Pero de verdad, este libro me decepcionó y no puedo mentir al respecto.

    Un abrazo,

    prof. Benedicto González Vargas

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