Seis debilidades que deben enfrentar los docentes recién titulados en el sistema educacional chileno.

La actual estructura del sistema escolar chileno es bastante anacrónica y por eso el cambio que se ha propuesto debiera ser beneficioso, aunque no excento de problemas en su implementación.
Eso va, seguramente, a mejorar algunos de los aspectos que anotaré más abajo, pero las complicaciones son tan profundas, incluso culturales, que deberán pasar décadas antes de que se eliminen por completo.
Un problema no menor, por ejemplo, es el escaso rendimiento académico de quienes ingresan a estudiar pedagogía. En 2007 solo dos de los 226 puntajes nacionales de la PSU postularon a esta carrera, señal inequívoca de que nuestra profesión no atrae a los estudiantes de mayor rendimiento. Es más, según cifras publicadas en El Mercurio y aportadas por María José Ramírez, directora de Evaluación y Estudios de la Universidad Diego Portales, los puntajes promedio están estabilizados al rededor de los 600 puntos, aunque hay algunas casas de estudio con gran matrícula, cuyos puntajes promedio son muy inferiores al promedio nacional.
Sin hacer escarnio de la situación, pero sirve de ejemplo el lío en que se involucró nuestra actual Ministra de Educación, Yasna Provoste, cuando en una entrevista “se aumentó” sus puntajes de ingreso a la Universidad que, en la realidad son bastante bajos, pero consistentes con lo que ocurre con la mayoría de los estudiantes de pedagogía. No son pocos los expertos que señalan que esta carrera, al igual que en otros países, debiera tener filtros de ingreso y de salida que aseguren la calidad de los docentes titulados.
Ahora bien, una vez en posesión del título, nuestros jóvenes colegas recién egresados enfrentan algunos de los siguientes problemas:
1. Ingresan al sistema escolar sin mucho apoyo: Las prácticas profesionales son apenas un barniz de lo que verdaderamente ocurre en la sala de clases y por lo tanto podrán ser una preparación útil en el área de la especialidad, pero en ningún caso en la labor docente en general. Los jóvenes llegan a colegios donde no hay una plataforma de apoyo específica para docentes recién titulados y el Mineduc no la tiene hasta hoy tampoco. Actualmente se baraja la idea de que los recién egresados estén un par de años a prueba bajo supervisión de un tutor antes de titularse, como ocurre en países con mejor desempeño educacional internacional.
2. Escasas plazas de trabajo en el sistema público: Para un profesor recién titulado, insertarse en el sistema municipal (que controla el 51 %) de la matrícula, es muy difícil, porque ese nicho tiene muy escasa movilidad (el estatuto docente prácticamente “fija” la planta de profesores y los municipios no tienen espacio para despedir a quienes resulten mal evaluados internamente). los profesores suelen quedarse en sus puestos más allá, incluso, de la edad oficial de jubilación y por tanto la mayoría de nuestros nóveles colegas deben ingresar al particular, especialmente al de tipo subvencionado, donde les ocurrirá que…
3. Alta rotación: El promedio de duración de los profesores recién titulados en el sistema particular subvencionado, que controla el 41 % de la matrícula nacional, es de dos años. Esto suele ocurrir por las trabas que impone la legislación vigente a los empleadores, relativas a las indemnizaciones por años de servicio y a la obligatoriedad de contratos indefinidos luego de una determinada cantidad de contratos a plazo fijo. Para evitar gastos costosos en indemnización, los dueños de colegios subvencionados suelen despedir y contratar abundamentemente cada año.
4. Irrespeto a las menciones: Debido a que un título de Educación general Básica habilita para hacer clases desde 1º a 8º Básico, no es raro que docentes con mención en, por ejemplo, primer ciclo, estén haciendo clases en cursos mayores. Con esta práctica un colegio “ahorra” profesores, pues cubre la plaza de cuatro o más asignaturas con un solo docente.
5. Casi nula formación en tics y nuevas metodologías: Nuestros colegas jóvenes egresaron , en el mejor de los casos, hace seis años del sistema escolar y estuvieron en él, al menos 12 años antes. Eso quiere decir que recibieron un tipo de formación, un ejemplo de metodologías, de enteneder y encarar el proceso de enseñanza-aprendizaje de una manera más o menos arcaica. La universidad, por cierto, no cambió aquello, porque en los grandes centros universitarios pedagógicos (en Chile hay al menos tres universidades “especializadas” en docencia) los académicos siguen dictando cátedra y no hay demasiado espacio para la innovación (nadie enseña lo que no es). En lo personal, en los últimos dos años he recibido a tres estudiantes en práctica, próximos a titularse y en solo un caso la colega sabía manejarse con las tics, por inquietud propia porque “en la carrera, con suerte hay cinco computadores para doscientos alumnos y uno funciona bien”. No obstante, saben al revés y al derecho las teorías literarias relativas al Medioevo español.
6. Escaso prestigio social:Para qué estamos con cosas, en nuestro Chile ser profesor es una decisión que no acarrea, apriori, prestigio social. No se necesita ser muy brillante para ingresar a la carrera (bajo puntaje inicial), no es difícil titularse (no hay filtros), en el ámbito municipal el trabajo es casi inamovible (y por ello mal pagado y con escasa certificación de calidad), su “Colegio Profesional” (1) se comporta más como un sindicato de obreros que como un colectivo de profesionales, bajo interés por el perfeccionamiento (2), ¿para qué seguir? Somos en Chile una profesión de tercer orden y amenos que tomemos consciencia de ello y actuemos en consecuencia, esto no cambiará.
No es extraño, entonces, que nos culpen de todo lo malo que pasa en la educación chilena, pero esta crítica es injusta, falaz, antojadiza y hasta malintencionada, porque nuestra educación, en los últimos años, ha sido manejada por “expertos” que en su vida nunca han hecho clases en un aula de primaria o secundaria o, lo que es peor, ni siquiera son docentes.
Notas:
(1) En Chile, un colegio profesional es una entidad gremial que agrupa a los profesionales de una determinada área y los representa ante la sociedad.
(2) Tendencia que se ha invertido en los últimos años, pero aún seguimos al “debe”.
prof. Benedicto González Vargas
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Enero 23, 2008 a las 5:41 pm
Estimado, la realidad del profesor de enseñanza secundaria en el Uruguay es muy parecida. Escaso salario, mucha exigencia, poca valoración y escasas posibilidades de actualización para acompasar los cambios.
http://silviacapote.googlepages.com/
Enero 25, 2008 a las 11:24 pm
Por acá por Costa Rica la cosa es igual. ¡qué se le va a hacer!
Enero 25, 2008 a las 11:25 pm
Silvia, Jairo
La verdad es que las repúblicas americanas comparten hoy muchos problemas y uno de los más significativos es el de la Educación.
Hay que seguir formando masa crítica para mejorar.
Junio 14, 2008 a las 7:17 am
Invito a que visites el blog de estudiantes del profesorado en Argentina
http://profinmabu.blogspot.com/