
En un post anterior me referí al proceso de mediación escolar como un importante aporte para la resolución de conflictos que suelen ocurrir en el aula o en la comunidad educativa entre los estudiantes, quiero ahora detenerme en algunas consideraciones relativas al conflicto.
Primero señalar la obviedad de que para la existencia de un conflicto se requieren al menos dos partes que representan intereses contrapuestos que se interfieren mutuamente. El conflicto es inherente a la condición humana y su desarrollo en sociedad, por lo tanto va a estar presente siempre y por ello es de vital importancia enseñar (ayudar) a enfrentarlo.
Al hablar de conflicto nos enfrentamos a una palabra con una fuerte connotación negativa que en muchos establecimientos educacionales se busca suprimir. No es raro encontrar directivos docentes que se jactan de no presentar conflictos, de no tenerlos en su ámbito de autoridad o, más tajante aún, de eliminarlos o suprimirlos rápidamente. Como contrapartida, para algunos estudiosos del tema y para varios “predicadores del Emprendimiento”, el conflicto es un “motor de la dinámica de cambio y aprendizaje en el ser humano”. Así de distante es el punto de partida entre los distintos criterios sobre este tema…un verdadero conflicto.
Es necesario acordar que la construcción de un conflicto intervienen factores tales como la percepción de la realidad, los procesos de comunicación invvolucrados y las creencias y necesidades personales.
En efecto, todos nos apropiamos de la realidad a través de distintos filtros (sociales, emocionales, religiosos, etc.) y verbalizamos esa realidad de manera personal. El otro también aprecia esa misma realidad de una determinada manera y nuestra verbalización ha de pasar por sus propios filtros antes de ser internalizada. Allí se produce en el conflicto, lo quye a menudo puede reconocerse por la extendida creencia que nuestra forma de percibir la realidad es la única copia fiel de ella, esa creencia es, con certeza, la mejor garantía de un conflicto en permanente estado de irresoluto.
Algunos teóricos, además, reconocen dos tipos de conflictos:
a) Los abiertos y manifiestos. Donde cada parte está consciente de la situación tensional conflictiva y
b) Lo ocultos o latentes, donde las partes pueden, incluso, no ser conscientes que existe un conflicto y que sus actuaciones lo agudizan.
¿Cómo se puede resolver un conflicto?
Hay varias fórmulas que, desde luego no funcionan solas o, mejor dicho, es preferible ir combinando. Algunos textos, como el artículo Abordaje del conflicto y convivenciaescolardel psicólogo Gregorio Riveros (publicado en Conexiones Educativas en marzo de 2005), empiezan señalando la evitación del conflicto como un método. En lo personal lo descarto de plano, y aunque el artículo en comento(1) no aconseja este camino, yo prefiero ni siquiera considerarlo como tal, puesto que lo único que consigue es mantener el conflicto latente a través de una tensión desregulada y por ello peligrosa.
Mencionemos, pues, las otras alternativas:
1. Ceder ante los intereses del otro: A veces se elige este camino para no poner en riesgo la relación. Sin duda es una actitud generosa y que denota una persona consciente capaz de poner en una balanza los pro y los contra. En mi opinión, esta actitud no puede ni debe ser una conducta permanente, sino que exquisitamente eventual.
2. Comprometerse a encontrar una solución:Ambas partes ceden, ganan y pierden algo. Se muestra capacidad colaborativa y de autoafirmación. En mi opinión, esta solución es más eficiente mientras más recursos materiales estén involucrados en el conflicto (mientras componentes afectivos, espirituales y emocionales estén presentes, más inviable será esta vía).
3. Competir hasta ganar: Forzar el conflicto convirtiéndolo en una competencia permanente donde solo importa ganar. Lo que demuestra cero colaboración y total desinterés social. Pareciera ser que el mundo moderno, en su afán de éxito y reconocimiento, avanza cada vez más por esta vía, constituyendo un ejemplo deplorable y denigrando el término competencia, sacándolo de su verdadero significado.
Colaboración: Cuando las partes en conflicto se ven a sí mismas no como adversarios irreconciliables, sino que como colaboradores en la resolución de un problema que les afecta a ambos. El diálogo abierto y franco se traduce en una negociación colaborativa, lo que es altamente deseable de formar en alumnos con una visión emprendedora de la vida.
Como puede pareciarse, el tema da para mucho y volveré a él con prontitud.
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Notas:
(1) Este artículo está basado de manera importante en la publicación del Lic. Riveros.






