El gran desafío: Crear mentes bien ordenadas

En una entrevista reciente publicada en Educar, el catedrático español Martiniano Román Pérez se refería a la necesidad de generar un profundo y cualitativo cambio en la forma de enseñar de los docentes en la actualidad. En efecto, como todos sabemos, durante mucho tiempo la escuela tradicional se ha centrado en los contenidos y eso, hoy en día, ya no es viable.
En primer término porque es tanta la información posible de entregar y se multiplica tan exponencialmente que el cúmulo de información carece de significación por su complejidad y catidad. Por otra parte, en el siglo XXI se requiere el desarrollo de habilidades y capacidades que la mera acumulación de información no puede proporcionar.
Según Román Pérez se requiere una metodología preferentemente inductiva y deductiva, que sea capaz de ir los hechos a los conceptos y viceversa.
Para ello sugiere un cambio fundamental en las estrategias docentes, partiendo, por cierto, de la planificación (1), donde deben identificarse las capacidades y destrezas que se espera conseguir para luego determinar las actividades que sean pertinentes y útiles a tal finalidad.
Sin embargo, Martiniano Román advierte que no sólo se debe limitar la labor docente del profesor moderno a desarrollar dichas capacidades y destrezas: “Si nos limitáramos sólo a eso, a potenciar el sistema cognitivo, sería un paso importante en la enseñanza, pero insuficiente” y agrega que es necesario “incorporar los valores y actitudes como un elemento que forma parte fundamental de las estrategias de aprendizaje”.
Todo lo anterior me parece importante destacarlo porque muchos de esos tópicos los hemos mencionado en estas páginas en reiteradas ocasiones, especialmente señalando la importancia de intentar visualizar cuáles serán las destrezas y capacidades necesarias para que nuestros actuales niños se desenvuelvan en la vida que les tocará enfrentar y, consecuente con ello, buscar las formas de desarrollar y potenciar esas habilidades y capacidades.
En cuanto a la tecnología y su uso por parte de alumnos, por ejemplo, es indudable que el uso práctico va unido indisolublemente a un uso crítico y ético, que no siempre es tan visible ni en las planificaciones ni en las intenciones de los docentes. Sin embargo, no hacer esa reflexión, equivale a dejar en abandono a los niños y jóvenes que confían en nosotros para adquirir aquello que requieren para desenvolverse adecuadamente (2).
En definitiva, ayudar a que nuestros estudiantes desarrollen un pensamiento ordenado que les permita aprender a aprender es un desafío no menor, aunque absolutamente ineludible.
Notas:
(1) Román propone la Planificación en T, creada por él, donde el cruce de habilidades y competencias, con el elemento valórico es explícito y por ello intencionado.
(2) Hace pocos días Chile se vio conmocionado por la noticia de una niña de 14 años que apareció en un vídeo de internet practicando sexo oral a unos amigos. Qué duda cabe que nunca ellos recibieron una enseñanza significativa de la importancia de reconocer lo público y lo privado en internet y el uso ético de las herramientas tecnológicas puestas a su alcance. Doy el ejemplo sólo desde esa perspectiva, las implicancias sociales, familiares, morales o su deficiente preparación en el ámbito de la sexualidad, corren por carriles aparte de tanta o mayor importancia inclusive.
Miembro de Atinachile
prof. Benedicto González Vargas


