La Historia de los Libros, versión moderna, parte I


Un hermoso libro que me ha gustado desde que lo leí la primera vez es La Historia de los libros de M. Ilin, una preciosa joya que llegó a mis manos en una añosa versión de la editorial argentina Calomino.
Ese libro, que ya no es posible encontrar (del que yo sólo tengo un par de fotocopias que tuve la previsión de hacer antes que mi ejemplar desapareciera misteriosamente de la mochila de un estudiante al que se lo presté) nos cuenta la Historia de este tan importante instrumento cultural, pero, como está claro, sólo llega hasta los libros de papel, porque no fue capaz de avisorar los cambios tecnológicos que fueron cambiando el soporte del libro.
Me propongo hoy, de manera bastante ambiciosa, completar la tarea del maestro ruso.

Para hacerlo, sin embargo, será necesario recordar algunas de las historias que Ilin nos contó. ¡Manos a la obra!

Capítulo I – El Libro Vivo:

¿Cómo era el primer libro? ¿Estaba impreso o escrito a mano? ¿Estaba hecho de papel o de cualquier otra materia? Si existe todavía, ¿en qué biblioteca se lo podría encontrar? Se dice que hubo una vez un hombre tan cándido que quiso buscar en todas las bibliotecas del mundo este primer libro. Pasaba días enteros hurgando entre montones y montones de libros carcomidos y amarillentos por los años. Sus ropas y sus zapatos estaban cubiertos por una espesa capa de polvo, como si acabase de realizar un largo viaje sobre una carretera polvorienta. Al fin encontró la muerte al caerse de una de esas grandes escaleras que se apoyan contra los estantes de una biblioteca. Pero aún cuando hubiera vivido cien años más, sus búsquedas no hubiesen conducido a nada. El primer libro estaba ya podrido en la tierra, muchos millares de años antes de que él hubiese nacido.
En efecto, el primer libro fue un hombre, porque en esos lejandos tiempos cuando los hombres no sabían leer ni escribir, cuando no había libros, ni papel, ni tinta, ni lápices, las tradiciones y creencias de los antepasados, las leyes y costumbres, se transmitían gracias a la memoria de los hombres que pasaba de padres a hijos en la comunidad o tribu.
Hasta el día de hoy, en los más alejados rincones del mundo, hay todavía viejos y viejas que cuentan historias de las que no hay otra huella que su prodigiosa memoria.

Capítulo II – Los Ayudamemoria:

Entre los más conocidos están las “cartas nudos” que usaban los tártaros, los persas y los incas. Éstos últimos eran especialmente hábiles en este género de escritura y todavía hoy hay pastores en ese país que conocen el lenguaje de los nudos. Ellos se servían de una cuerda bastante gruesa a la cual ligaba como una franja de pequeños bramantes multicolores de extensióin y grosor diferentes. Se hacían nudos en estos bramantes y cuanto más cerca estaba el nudo de la cuerda, más importante era el mensaje. Un nudo negro significaba la muerte, un nudo blanco el dinero y la paz, uno rojo la guerra, uno amarillo el oro, uno verde el pan. Los nudos sin color significaban cifras.
Leer una carta escrita de esa manera no es una cosa fácil y era preciso tener en cuenta el grosor de la cuerda, así com también la manera cómo los nudos estaban hechos y situados.
Los niños peruanos debían aprender el alfabeto de los nudos, o kwipa, así como nuestros niños aprenden el abecedario.(1).
Otros indios, los hurones y los iroqueses se servían de conchas de colores. No era fácil traducir el sentido de las conchas de colores. Los jefes de tribus tenían bolsas llenas. Los jóvenes de las tribus iroquesas se reunían dos veces por año en un lugar determinado del bosque para aprender de boca de los viejos el misterio de las pequeñas conchas.
Cuando una tribu india enviaba un mensaje a otra tribu, el mensajero llevaba con él sus sartas de colores que llamaban wampun.
-Escuchad mis palabras, jefe, y mirad estas conchas -decía mostrándoles las sartas que reflejaban los colores del arcoiris. Y a continuación pronunciaba un discurso designando una concha para cada palabra. Sin una explicación de viva voz era muy difícil comprender el wampun.
Supongamos cuatro conchas suspendidas de un bramante: una blanca, una amarilla, una roja y una negra. El mensaje podría significar:
Haremos una alianza con vosotros, si nos pagáis un tributo, pero si no queréis pagarlo, os haremos la guerra y os masacraremos a todos”
Aunque también podría significar:
“Os pedimos hacer la paz y estamos dispuestos a daros oro. Nosotros moriremos si la guerra continúa”
Por lo tanto, para evitar los errores, cada indio debía leer el mensaje junto con entregar las cuentas. En este caso, el mensaje no reemplaza a la persona, solo sirve de ayudamemoria.

Capítulo III – Los Objetos que Hablan:

Era preciso que hubiese hombres muy ha´biles para comprender la significación de los nudos y de las conchas, pero había otros métodos mucho más simples para enviar mensajes. Si una tribu quería declarar la guerra a otra, le enviaba un venablo o una flecha. Si deseaba la paz, le enviaba tabaco y una pipa.
En el Asia meridional los escitas, una tribu procedente de Rusia, enviaron una vez a los persas una carta compuesta por un pájaro, un ratón, una rana y cinco flechas. Esta rara carta quería decir:
Persas, ¿sabéis volar como un pájaro, esconderos bajo la tierra como un ratón, saltar a través de los pantanos como una rana? Si no lo sabéis, nos nos hagáis la guerra, porque sucumbiréis bajo nuestras flechas”
¡Cuánto más comprensibles son nuestras cartas!

Capítulo IV – Una carta en imágenes:

Los hombres no aprendieron a escribir con alfabeto de un solo golpe. Al principio los hombres dibujaban para escribir. Por ejemplo, para nombrar un reno, lo dibujaban y si quería unirlo al verbo “cazar”, dibujaban cazadores. No nos olvidemos que los seres humanos aprendieron a dibujar desde las cavernas, así puede verse en muchos lugares donde vivieron los pre-históricos, como en las cavernas de Altamira en España.
Nunca nosotros nos hubiésemos enterado de cómo vivían y en qué creían nuestros lejanos antepasados, si no hubieran registrado sus dibujos en la dura roca.

Capítulo V: La Escritura en Jeroglíficos:

Muchos hombres sabios han pasado numerosos años tratando de descifrar el enigma de los dibujos misteriosos que cubrían los muros de los templos y de las pirámides del antiguo Egipto. Había algunos fáciles de comprender: eran los que representaban escenas de personajes ocupados en toda clase de trabajos diferentes. Se veían en ellos escribas con su rollo en la mano y su pluma detrás de la oreja, mercaderes que vendían collares, perfumes, pasteles y pescados. Había igualmente sopladores de vidrio, joyeros cincelando brazaletes y anillos de oro, guerreros con sus escudos recubiertos de cuero, corriendo en formación regular ante el carro del faraón.
Pero estos dibujos, comprensibles para todo el mundo y que representaban la vida de la gente que vivió hace millares de años, están rodeados de muchos otros cuya significación es oscura. Sobre estos monumentos egipcios se encontraban grabados serpientes, búhos, gansos, leones con cabeza de pájaro, flores de loto, manos, pies, hombres sentados sobre sus talones y otros con los brazos colocados detrás de sus cabezas, escarabajos y hojas de palmera. Todas estas imágenes están dibujadas con largos y finos trazos como las letras de un libro. Entre ellos se encuentran igualmente innumerables formas geométricas de todas clases.
Estos símbolos misteriosos o jeroglíficos traducen siglos de la historia egipcia e indican las costumbres y los hábitos de su pueblo.
Pero a pesar de los esfuerzos de los científicos no se lograba descubrir el significado de esta escritura. Los koptos, descendientes de los antiguos egipcios, no podían ayudar demasiado, porque ya habían olvidado la vieja escritura.
Sin embargo, se llegó a descubrir el secreto de los jeroglíficos. En 1799 soldados franceses desembarcaron en las costas de Egipto bajo las órdenes del general Napoleón Bonaparte. Mientras cavaban trincheras en los alrededores de la ciudad de Rosseta, descubrieron una enorme piedra lisa, que llevaba una inscripción en griego y en egipcio. ¡Qué alegría la de los sabios en presencia de aquel descubrimiento! ¡Qué larga búsqueda terminada! ¡Poseían al fin la clave de los jeroglíficos! Pero no fue tan fácil, transcurrieron 23 años antes de que Champollion lograra descifrar la clave exacta (2).
Poco a poco algunas de esas imágenes fueron reemplazadas por sílabas y finalmente por letras. De esas letras deriva nuestro alfabeto, pero para ello pasaron millares de años. Pero ¿Por qué cambiaron las letras?
Porque la vida de los hombres cambia. Las tribus nómadas pasaron de la caza a la agricultura y la ganadería, los artesanos y comerciantes. Así fue como el ganadero perdió la habilidad de dibujar vacas y el comerciante sus mercancías. Cada uno de ellos fue marcando sus propiedades con signos especiales. Los signos reemplazaron cada vez más a los dibujos. Si la escritura egipcia era mayoritariamente dibujo, la de persas y babilonios no tiene ninguno. Ellos escribían sus trazos sobre ladrillos de arcilla con un bastón puntiagudo. Les resultaba una escritura extremadamente fina y en forma de cuña, por eso es conocida como cuneiforme.
Pasaron muchos años sin que se lograra descifrar la escritura cuneiforme, pero fue el profesor alemán Grotefend quien logró la hazaña con paciencia y observación, ya que él no dispuso nunca de una escritura en dos idiomas como Champollion. Un día, observando inscripciones funerarias de los reyes persas, se percato que unos signos se repetían y supuso que allí decía “rey”. Contaba entonces con tres letras. Luego buscó una en que al vocablo rey lo siguieran siete letras que, él suponía, debían corresponder a Darivuch (Darío). Al localizarla, ya tenía siete letras.
En otra inscripción reemplazo las letras conocidas y le quedó algo así como Chiarcha, quedando un solo signo libre al principio. Para un sabio como él no fue difícil saber que se trataba del fonema K y el nombre Kchiarcha, se correspondía con la forma antigua del rey Jerjes.
Ya tenía la hebra de la madeja y así siguió buscando letras hasta descifrar el alfabeto. En todo caso, tanto Champollion como Grotefend lograron aprender estos alfabetos olvidados a partir de descifrar los nombres de los reyes que la historia había conservado.

Capítulo VI: La migración de las letras:

La escritura en imágenes cambió poco a poco en escritura con signos, pero los jeroglíficos subsisten aún, por ejemplo, en las señales de tránsito y en la escritura oficial de los pueblos orientales como China, Japón y Corea, cuya escritura ideográfica(3) es, en realidad, escritura jeroglífica.
Nuestro alfabeto deriva, en todo caso, de imágenes. ¿Se acuerdan del abecedario en que aprendieron a leer? Al lado de la A, seguramente había un árbol y al lado de B, tal vez un burro y así, sucesivamente. Los hyksos hicieron lo mismo, así se originó el abecedario. Para representar A dibujaban la cabeza de un toro (aleph, en su lengua) y para B, una casa (bet) y así el resto. ¿Verdad que Aleph-Bet es como alfabeto?
Los hyksos conquistarona los egipcios y así sus símbolos se integraron con los jeroglíficos, después pasó a los fenicios y de allí a todo el mediterráneo. Sus signos son los mismos que usamos nosotros hoy como letra, con algunas modificaciones.
De Fenicia pasó a Grecia y luego a Roma, Roma los llevó a todo el mundo antiguo y en tiempos de la Conquista y los grandes navegantes llegaron a América, África y el lejano Oriente. Terminaron imponiéndose como alfabeto universal.
Originalmente los egipcios escribían como los chinos de arriba hacia abajo y de derecha a izquierda, pero la tinta egipcia no era tan buena como la china (que seca rápido) y los escribas, a veces, borraban con el brazo lo escritoal avanzar hacia la izquierda, por eso empezaron a hacerlo como lo hacemos hoy, de izquierda a derecha. Digamos que escribir de izquierda a derecha y a lo ancho, en vez de a lo largo, es de un gusto muy occidental.

Hasta aquí llega este apretado resumen de la primera parte del libro de M. Ilin, la segunda parte la estoy preparando para otro artículo (¡y aún habrá una tercera, que intentaré escribir yo!)

Notas:

(1) Indudablemente, Ilin se refiere a los niños del imperio Inca y al objeto que nosotros llamamos Kipu.

(2) Los jeroglíficos que estaban encerrados en un marco representaban nombres y cada imagen representaba un fonema. Champollion lo descubrió al encontrar inscripciones de Ptolomeo y Cleopatra.

(3) Representa ideas y no fonemas.

Temas relacionados:

La Historia de Los Libros

prof. Benedicto González Vargas
Miembro de Atinachile

3 comentarios para “La Historia de los Libros, versión moderna, parte I”

  1. deben de poner mas espesificado Dice:

    deben de poner mas especificado

  2. ELIO Dice:

    como aprender palabra egipcia

  3. GLORIA GONZALEZ Dice:

    hola, quisiera conocer la historia de ITELIO quien tenia la biblioteca viva, mil gracias

Escribe un comentario