
(Esta es la continuación del artículo anterior).
Capítulo I: Los Libros Eternos:
Las letras, al viajar de un país, o de un pueblo a otro hacían al mismo tiempo otro viaje. Pasaban de la piedra al papiro, del papiro a las tabletas de cera, de la cera al pergamino y del pergamino al papel.
Lo mismo que un árbol plantado en un terreno arenoso se desarrolla de manera diferente a como lo haría si estuviese plantado en un terreno pantanoso o arcilloso, las letras, al pasar de una materia a otra, cambiaron de aspecto. Sobre la piedra eran rígidas y derechas. Sobre el papiro se redondearon, sobre la cera se inclinaron como comas, sobre la arcilla tomaron forma de cuñas. Pero hasta cuando se las trazaba sobre pergamino o sobre papel, variaban constantemente de forma, de la manera más caprichosa.
¡Cuántas maneras diferentes hay de escribir!
El lápiz y el papel a los cuales estamos tan habituados, son invenciones recientes. Hace quinientos años el cartapacio de un escolar no contenía ni lápiz ni pluma de metal. Escribía con pequeños bastones puntiagudos sobre una tableta recubierto de cera, que colocaba sobre sus rodillas.
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Escrito por prof. B. Andrés González Vargas 














