
El 1 de julio de 1886, en la sureña tierra de Arauco, nace Fernando Santibáñez Puga, una de las plumas más ilustres de nuestra literatura que, con el pseudónimo de Fernando Santiván, alcanzó en nuestras letras las más altas distinciones, incluido el Premio Nacional de Literatura en 1952.
Inició sus estudios en Valparaíso en 1894 y luego viajó a Santiago (1897), para incorporarse al Instituto Nacional. Pero fue en Parral, en 1899, donde conoció al amigo de toda su vida, aquel con quien compartió sus inquietudes literarias y en cuya compañía dio los primeros pasos de su brillante carrera de escritor: Mariano Latorre Court.
Por aquellos años, -recuerda Santiván- “a pleno sol, en compañía de una banda de chicos tumultuosos, nos revolcábamos, desnudos, en la fina arena y zambullíamos como diablillos en las verdes aguas del remanso, bajo los sauces que se inclinaban en la playa para bendecirnos (…). Entonces no pensábamos en la Literatura, ¡no! El arte era una alquimia y un veneno que ignorábamos”
Pero no pudo permanecer inmune por mucho tiempo a ese veneno, la enfermedad literaria (como decía Santiván) lo ganó definitivamente cuando en compañía de Latorre editan un pequeño periódico escolar que llaman El Ruiseñor y que distribuían entre familiares y amigos. Una vez. mientras preparaban el material para su periódico, encontraron en una revista una sentencia de Taine que los sobrecogió: “El que una vez coge una pluma en la mano, ya no la vuelve a soltar”.
Publica su primer libro en 1909, Palpitaciones de Vida; luego, al año siguiente, su novela Ansia alcanza el primer lugar del Concurso centenario. Posteriormente vendrían: El Crisol, 1913; La Hechizada, 1916 (que a juicio de muchos críticos nacionales y extranjeros es su obra cumbre); Robles, Blume y Cía, 1923; La Charca en la selva, 1935; El Bosque emprende su marcha, 1946; La Camará, 1946; El Mulato Riquelme, 1951; Confesiones de Santiván, 1958; Bárbara, 1964 y sus notables Memorias de un Tolstoiano, 1955; en que recuerda sus días en aquella legendaria colonia agrícola que fundara junto su cuñado Augusto D’Halmar en San Bernardo (en la parcela del entonces alcalde sanbernardino, el poeta Manuel Magallanes Moure). Esta colonia de artistas en que había poetas, novelistas, pintores, etc., pretendía que sus “colonos” “vivieran en contacto y perfecto equilibrio con la naturaleza”, su guía espiritual, su modelo, fue León Tolstoi, a quien admiraban profundamente. Años más tarde, Pedro Prado diría que esa colonia fue un ejercicio de libertad.
Otra de sus actividades permanentes y la que, como el mismo reconocía. le daba de comer, fue el periodismo, escribió en casi todos los diarios y periódicos más importantes del país y fue director de La Prensa de Antofagasta y de El Correo de Valdivia, ciudad donde se radicó definitivamente.
En sus últimos años, algo apremiado por las estrecheces económicas, debió vender al municipio valdiviano su monumental biblioteca. En un gesto que honra al alcalde y regidores de la época, tomaron el acuerdo de nombrarlo a él mismo custodio de su ex-biblioteca y de no retirarla de su casa sino hasta después de su muerte, para no provocarle el dolor de ver los anaqueles desnudos.
Fernando Santiván, convertido en un patriarca, como el último criollista y tolstoiano, falleció en Valdivia el 12 de julio de 1973.
Otros artículos sobre escritores chilenos:
El último viaje de Claudio Giaconi
La Perfecta Lámpara de larga vida (semblanza de Tsering Nandröm)
El Poeta del Dolor (Semblanza de Ángel Cruchaga Santa María)
Para que no me olvides (Semblanza de Óscar Castro Zúñiga)
Juan Antonio Massone: El otro también soy yo.
Ojitos de Pena (Poema de Max Jara)
La voz de las sencillas cosas memorables (Semblanza de Diego Dublé Urrutia).
Aunque la vida nos duela…nunca es demasiado tarde (Multidiálogo con Pepita Turina)
El Sencillo Emperador (Semblanza de Oreste Plath)
Alejandro Jodorowsky: La vida es un milagro continuo
Roberto Matta Echaurren: un poeta desconocido
Nuestro Nuevo Premio Nacional de Literatura (Semblanza de José Miguel Varas)
Shyvy: La poesía de una mujer (Semblanza de Silvia Rojas P.).
Vida, pasión y encierro del Divino Anticristo (Noticia sobre Isabelísima Pizarro).
Juan Antonio Massone: un poeta imperdible
Duro como las rocas (Semblanza de Pablo de Rokha)
La Reina del Valle del Elqui (Semblanza de Gabriela Mistral)
Poeta del Amor y del Paisaje (Semblanza de Manuel Magallanes Moure)
Yo prefiero el amor (Semblanza de Pablo Neruda)
prof. Benedicto González Vargas
Miembro de Atinachile
Artículo publicado originalmente en el periódico El Coirón Cordillerano, Puente Alto, 15 de abril de 1994 (bajo el pseudónimo de Andrés Mya)









