Alejandro Jodorowsky: “La vida es un milagro continuo”

Diciembre 26, 2006

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Es un chileno reconocido internacionalmente, pero muchos compatriotas suyos no lo conocen, evidentemente tiene ya su buena cuota de edad, pero según una reciente edición de la revista Uno Mismo, “no es viejo”. En esa misma revista se afirma que él se declara ni de izquierda, ni de derecha, sino “de extremo centro”.

Lo que pasa es que nada es predecible o fácil de poner en moldes comunes cuando hablamos de Alejandro Jodorowsky, poeta, narrador, cineasta, filósofo, dibujante, guionista, actor mimo, relator de cursos de creatividad, tarotista y últimamente psicomago. Gurú desde siempre. Su palabra fácil, su gesto amable, su humor irrenunciable y sus profundas ideas espirituales producto de la fusión de búsquedas y encuentros múltiples con otros espíritus tan abiertos como el suyo, hacen de él un personaje admirado profundamente por quienes lo leen o lo escuchan. Sin lugar a dudas élites intelectuales o espirituales, si se quiere, pero no la gran masa que lo ignora, aunque de seguro caería rendida a sus pies si se lo encontraran en una esquina de la plaza leyendo gratis el tarot a decenas de personas, como suele hacerlo en París.

Respecto de sus búsquedas y encuentros, consultado por Marcelo Padilla responde con un perfecto kohan zen: “Unos vienen, otros van, yo soy una piedra en el camino” y se explaya en ideas relativas a la eterna permanencia del ser, encarnado o desencarnado y a lo que él llama “Permanente Impermanencia”.

Un tema que cruza todas sus múltiples inquietudes es la omnipresente intención de encontrar fórmulas para transmitir mensajes plenos de optimismo, es su forma de mantenerse atento, con los ojos bien abiertos, con la lámpara de la conciencia brillando más que nunca, como si él mismo encarnara el noveno arcano del Tarot, pero se apresura a aclarar que antes quería ser maestro, pero ahora se conforma “con seguir siendo alumno”.

Pero eso no es verdad, es un Maestro y lo ha sido en cada una de las actividades que ha emprendido, actualmente busca por todos los medios a su alcance demostrar la permanente presencia de los milagros en la vida y nos aclara taxativo que lo importante no es “aprender a hacer milagros, sino que aprender a verlos”. Lo que no constituye la declaración pasiva de un sujeto sobre quien obran las tendencias fatales del destino, sino la activa búsqueda del asombro y del reconocimiento de la vida que, para él, es un milagro continuo.

Hace algún tiempo atrás, Marcela Fernández, del suplemento cultural argentino Ñ del diario El Clarín, lo entrevistó en una de sus visitas a Buenos Aires y le consultó respecto de sus inquietudes sociales y de la posibilidad de volcarlas en la arena política. Genio y figura, Jodorowski responde con palabras de antología: “Yo no creo en la revolución política, yo creo en la re-evolución poética. La poesía salvará al mundo, es decir, la belleza, porque todos los problemas son por fealdad. Ya no hay problemas nacionales. Es un todo interconectado. La política es fea, la economía es fea, la arquitectura es fea. Hemos perdido la meta que es la belleza. El hombre no puede alcanzar la verdad, pero puede alcanzar su resplandor que es la belleza. Es feo hacer sufrir a alguien, es feo que la gente se muera de hambre, es feo que alguien tenga el poder en esa forma, es feo que los hombres estén separados de las mujeres y las aplasten, es feo que haya guerras, es feo que las religiones se peleen entre ellas. Es feo que haya un papa soltero, viejo, pudriéndose sin una mujer, o que el Dalai Lama cobre para venir a dar sus conferencias. ¿Por qué pagarle a un tibetano que dice lugares comunes? Estoy escandalizado. Es feo que la gente se ande uniformando, los soldados son feísimos. Es feo que haya animales encerrados en un zoológico, es feo que estén matando a las especies, es feo que estén envenenando el planeta, el petróleo es feo”. A esta lista potente y apabullante, Jodorowsky agrega que “la belleza no es una definición conceptual, sino algo que se siente. Llamar bello a todo lo que es útil para la sobrevivencia equilibrada de la vida, del mundo. Si este edificio me enferma, es feo; si me da salud, es bello. Si un árbol que tú piensas que es bello tiene un fruto que envenena, en realidad es feo. Un árbol torcido que tiene frutos que te alimentan bien, es bello”.

Toda su literatura y su obra artística trasunta esta forma limpia, aunque no simple, de ver la vida, de un optimismo desbordante, pero que no pierde la capacidad de vincularse con lo práctico de la vida, un breve poema suyo dice: “No es lo que será / no es lo que fue / no es lo que quiero / es lo que es”.

Alejandro Jodorowsy Prullansky, chileno, nacido en 1929, es sin lugar a dudas uno de los artistas más lúcidos y universales que ha producido la literatura y el arte chileno en general. Va por el mundo con su cabellera platinada y su aura de maestro, con su positivismo contagiante, pero, sobre todo, con una humildad tan honesta como sabia.

publicado originalmente en Letralia Nº 155 del 18 de diciembre de 2006

prof. Benedicto González Vargas
mi blog en Atinachile


Educación para el Emprendimiento: Cuando la innovación y la Creatividad chocan con las jefaturas técnicas

Diciembre 5, 2006

Durante estos días en que he estado escribiendo y publicando algunos artículos relativos a la urgente necesidad de vincular Emprendimiento con Educación, varias personas me han hecho llegar su inquietud relativa a la dificultad de innovar en las salas de clases y de desarrollar procesos de aprendizajes más vinculados a las nuevas formas de aprender, rompiendo los esquemas y diseños tradicionales de las aulas, cuando toda la estructura curricular, evaluativa y técnico pedagógica de sus centros educacionales no sólo es reacia a los cambios, sino que, además, suele ser extraordinariamente conservadora, excesivamente apegada a las formalidades y arcaica en la concepción de las metodologías necesarias para abordar las unidades de aprendizaje.
En efecto, no son pocos los establecimientos educacionales que exigen a los docentes, a fines del mes de diciembre, entregar la planificación de todo el año lectivo, desconociendo muchas veces esos profesores a los alumnos con los que deberán trabajar, sin tener la posibilidad de realizar diagnósticos y, menos aún, de bucear un poco en las características individuales y colectivas de sus formas de aprender. Vale decir, todo aquello que aparece como tan importante en el Dominio 1 del Marco para la Buena Enseñanza, varios docentes no pueden aplicarlo debido a las rigideces extremas de sus directivos (subdirectores, coordinadores académicos, jefes de UTP, evaluadores y otros cargos varios de similar jaez). Lo razonable y aconsejable sería tener algún conocimiento de los alumnos y ya que la Reforma ha insistido en la necesidad de “aprender a aprender”, hacer realidad ese concepto permitiendo a los estudiantes participar incluso de las planificaciones, como quedó tan bien expuesto aquí en Atinachile en un artículo de Eleazar Ojeda
No sólo eso. Varios docentes, especialmente de Básica, me han señalado que esos mismos directivos han restringido las salidas a terreno, han subvalorado algunos trabajos de alumnos por haber sido ayudados por los papás (como si la colaboración, la participación y el compromiso familiar no fueran superlativamente necesarios en nuestros colegios) y han pretendido realizar “mediciones” de lectoescritura o cálculo, por ejemplo, sin que antes se hayan implementado sistemas específicos y focalizados de diagnóstico y remediales. Todo ello contribuye a una clara subvaloración de los docentes de aula a quienes se les suele criticar diversas fallas y pocas veces se les reconocen sus esfuerzos y sacrificios. ¿Puede una clase completa de 90 minutos estar absolutamente mala? Si algún jefe técnico —que me consta, lamentablemente, que los hay— sostiene eso y no encuentra motivo alguno para valorar el trabajo del profesor, quiere decir lisa y sencillamente que ese jefe técnico está haciendo un daño irreparable a la institución donde labora y que no es capaz de realizar una intervención positiva para mejorar la calidad de la enseñanza. Nada más lejos del Emprendimiento.
Evidentemente hay falencias en la formación de los docentes, hay años de prácticas inútiles y, es necesario reconocerlo, hay muchas fallas metodológicas y costumbres que deben desterrarse de las aulas, pero no se puede pretender innovar en educación desconociendo la labor docente, atropellando sus capacidades y subvalorando sus talentos. Las unidades técnicos pedagógicas deben regirse por una lógica colaborativa no obstante, suelen hacerlo con una visión punitiva y a veces francamente persecutoria. Seguramente la falla se encuentra también en la formación que recibieron en sus respectivos postítulos, postgrados y especializaciones.
Atreverse a innovar significa ser audaz. La planificación de cada actividad docente es un labor profesional ineludible para los profesores, pero dichas planificaciones pueden perfectamente contar con intervenciones creativas, renovadas, surgidas de los propios estudiantes, adaptadas especialmente a cada curso o grupo, teniendo como único norte que esos alumnos aprendan, con sus propios ritmos, talentos y limitaciones, sin embargo…
…llega fin de año y aparecen nuevamente los docentes técnicos imponiendo evaluaciones semestrales, pruebas de nivel, pruebas integrativas y un variado paquete de exámenes finales que lo único que hacen es romper lo poco o mucho que se haya avanzado en la diversidad, porque se aplican igualmente a todos los estudiantes y, peor aún, no sólo sirven para evaluar a los alumnos, sino que a menudo se esgrimen como argumento para evaluar a los docentes. Ante tal despropósito debo preguntarme cómo no es posible que sean capaces de comprender la urgente necesidad de innovar de verdad.
Sólo una muestra como ejemplo: Para bien o para mal la Reforma modificó los programas de estudios; seguramente para bien se han modificado las prácticas metodológicas de los docentes, pero lo que no ha variado un ápice es la Evaluación. Sigue siendo estresante, sesgada, punitiva, descontextualizada y…arcaica. Pregúntenle a cualquier jefe técnico y comparen sus sugerencias y apreciaciones con las prácticas de hace 30 años: todo sigue igual, pero no mejora.
No estoy en contra de la necesaria labor de los docentes técnicos, muy por el contrario, estoy diciendo —a gritos si se quiere— que son fundamentales en una Educación para el Emprendimiento, pero ellos antes que nadie deben hacer el cambio de paradigma. Ellos antes que nadie, porque están incapacitados de reconocer el talento creativo e innovador de los docentes si siguen pegados a las prácticas antiguas donde los niños deben ser punto menos que muñecos silenciosos en la sala de clases y donde las clases sólo pueden hacerse en un aula de cuatro muros.
Una verdadera Educación para el Emprendimiento requiere del concurso de toda la comunidad educativa, desde los directivos superiores hasta las familias. Requiere también, seguramente, de cuotas de audacia que no suelen encontrarse en una institución tan ultra conservadora como la escuela y requiere, por sobre todo, hacernos la idea de que no estamos cumpliendo la labor que la sociedad nos encomienda si estamos preparando a las futuras generaciones para un mundo que ya pasó y nos olvidamos de que ellas se integrarán plenamente en un mundo que ni siquiera sospechamos. No podemos seguir los docentes prestándonos para el fraude que consiste en enseñar lo innecesario y no entregar las herramientas necesarias para el futuro, pero hay muchos docentes directivos que funcionan más desde la lógica decimonónica, que desde una verdadera educación para el siglo XXI.

prof. Benedicto González Vargas