Educación y Emprendimiento: seamos revolucionarios de verdad

Noviembre 27, 2006

ampo.jpg

El Emprendimiento es un fenómeno de orden cultural que incluye comportamientos, valores, creencias y sobre todo, formas de ver el mundo que se actualizan en una propuesta de intervención en el entorno para generar utilidad y bienestar social para la colectividad en la que uno se encuentra inserto.

En cierto modo, como dice Fernando Dolabela, el Emprendedor es una persona que se ha convencido que él puede hacer algo útil para cambiar el mundo, desde una perspectiva innovadora, social, solidaria y colaborativa. Transmitir estos conceptos a nuestros estudiantes es de una importancia crucial, no sólo para ellos como individuos y sus familias, sino por el potencial que ello representa para el desarrollo de nuestro país.

La educación, como muy bien dice mi amigo Camilo Herrera,se ha ido quedando anquilosada en formas de enseñar antiguas, en esquemas (incluso mentales) que ya están más que superados. Nuestra escuela no puede seguir tendiendo a un tipo de clases poco creativas, donde el docente transmite verdades y todos deben aprenderlas desde la uniformidad y la falta de creatividad. Esa educación, útil y necesaria para la época de la Revolución Industrial, ya no sirve en el mundo cambiante y globalizado en que nos encontramos. Es casi una estafa enseñar transmitiendo una mirada que ya no es útil para vivir.

Una Educación para el Emprendimiento es una enseñanza en libertad, es abrir puertas y ventanas para desplegar los talentos de nuestros estudiantes, todo ello vinculado con una fuerte motivación y una sólida formación valórica, que nos asegure que el comportamiento ético, la solidaridad y la responsabilidad social no serán sacrificados ante los afanes personales de lucro y reconocimiento.

Hoy en día varias universidades en Chile y el extranjero se han dado a la tarea de planificar cursos, estrategias, metodologías y diversos haceres académicos al respecto, pero la educación secundaria sigue repitiendo las viejas fórmulas, transmitiendo a nuestros estudiantes una falsa idea de seguridad asociada a las carreras universitarias y, lo que es peor, cortando las alas creativas de nuestros alumnos. Nuestra mirada hacia atrás, hacia el mundo que se desvanece.

La noble tarea de enseñar vinculada a un concepto de Educación para el Emprendimiento adquiere, entonces, una importancia capital porque es la oportunidad que tenemos los docentes para saldar la deuda que hemos ido acumulando con generaciones y generaciones de jóvenes que no han encontrado en los conocimientos que les entregamos las herramientas adecuadas para su desarrollo social, académico y laboral.

Es curioso, pero este concepto que parece tan vinculado a la empresa, al capitalismo y a todo aquello que, mal entendido, puede ser lo más distante de las nobles aspiraciones de muchos docentes, es en sí mismo, un concepto revolucionario y tremendamente democrático, porque busca desarrollar capacidades y talentos para que cada quién construya su propio destino trascendiendo los lastres y estigmas sociales que tanto daño hacen a las sociedades latinoamericanas.

Es un concepto tan revolucionario que puede llegar a cambiar la vida de nuestros estudiantes y la de su entorno, porque los hará vincularse con la realidad, con los dolores y problemas que manifiesta y les permitirá tener una mirada creativa que posibilite intervenir para resolver, con espíritu solidario, demócrata y colaborativo.

¿Cómo no va a ser eso una revolución verdadera? ¿Cómo los profesores no van a motivarse de poder tener, quizás por primera vez, una verdadera revolución en sus manos que puede cambiar el mundo para bien y con altas posibilidades de éxito?

Ha llegado nuestra hora: Seamos revolucionarios de verdad.

prof. Benedicto González Vargas

Temas relacionados:

Emprendimiento y Educación: una alianza urgente e ineludible
Aportes para la implementación de una Educación para el Emprendimiento


Aportes para la implementación de una Educación para el Emprendimiento

Noviembre 27, 2006

ciclo-emprendimiento.jpg

Si queremos generar una Educación para el Emprendimiento, ésta debe sustentarse en una plataforma que aborde tanto lo curricular como el capital humano que se incorpore a los colegios. Esto es, desde un punto de vista académico, generar un hacer pedagógico que incorpore contenidos, metodologías y prácticas en tres áreas claramente determinadas, ellas son:
- Actividades Académicas Generales.
- Actividades de Libre Elección
- Orientación y Consejo de Curso.
Para ello se requerirá interpretar los programas de estudio especialmente desde una nueva dimensión metodológica que incorpore una visión relativa a generar actividades desencadenantes de aprendizaje que promocionen, impulsen, valoren y destaquen el emprendimiento personal.
Para ello, es necesario incorporar en cada planificación de aula de las unidades de estudio actividades que cumplan con tal requisito. Vale decir, potenciar una libertad guiada para que los estudiantes propongan sus propios proyectos de trabajo. Esto implica que en una primera etapa los docentes deberán reforzar metodologías y formas de estudio que desencadenen las conductas que se requieren en los alumnos, especialmente aquellas vinculadas con la investigación y la creatividad personal, sin olvidar el análisis crítico de la información y el procesamiento ético de ella.
Al respecto, experiencias innovadoras en extremo —que sólo menciono con afán ilustrativo— plantean incluso espacios en que los alumnos participan en la planificación de las unidades de aprendizaje. Vale decir, a partir de los contenidos y objetivos formales que contiene el Programa de Estudios, el docente en conjunto con sus estudiantes diseñan las actividades que permitan alcanzar los logros esperados.
Por otra parte, no debe olvidarse una decisión impostergable para los colegios modernos es fomentar las aulas virtuales en su página web, lo que no se ha desarrollado del todo, seguramente por una falta de incentivo, más que por un tema de experticia. Indudablemente en estos tiempos hablar de emprendimiento y de capital humano, implica incorporar las TIC en forma más amplia a la actividad escolar.
En el ámbito de las actividades de Libre elección, es necesario incorporar aquellas que, a partir de un contenido interesante, que pueda mostrar logros prácticos, se implementen nuevos cursos donde la creatividad, el emprendimiento y el desarrollo de las capacidades intelectuales vayan de la mano de una praxis que haga más significativo el proceso de aprendizaje. Sin lugar a dudas, en esta área también es importante ir entregando los conocimientos teóricos y prácticos que requieran los talleres en cuestión, pero sin olvidar que debe existir mayor dinamismo en el enfoque. Ello implica, un cambio urgente en la forma de selección de las actividades complementarias, ya que uno de los puntos más débiles es, precisamente, el hecho de que se centran casi exclusivamente en lo deportivo y artístico (lo que no está mal), pero no hay experiencias innovadoras vinculadas a un área más académica y donde las hay, suelen ser repeticiones de los métodos y estilos de las clases generales cuando no terminan siendo preparaciones de SIMCE y PSU. Es importante consignar que los docentes debieran participar presentando proyectos de actividades de libre elección en los que puedan explicitar los vínculos que el curso propuesto tenga con la cultura emprendedora que se requiere implementar y cuáles serán las actividades que dicha propuesta de implementará para impulsarla.
Desde esta perspectiva, es urgente que estas actividades que ocupan parte del horario de libre disposición de los colegios, también se hagan cargo de las siguientes necesidades educativas que el siglo XXI impone a cualquier proyecto educativo que pretenda verdaderamente desarrollar competencias necesarias para la vida moderna:
- Alfabetización digital.
- Mayor y mejor práctica del inglés.
- Formulación y gestión de proyectos.
- Liderazgo.
- Práctica creciente de virtudes democráticas.
Desde el área de la orientación y el Consejo de Curso, se deben potenciar los siguientes valores a la luz de una cultura emprendedora:
- Pasión
- Perseverancia.
- Paciencia
- Prudencia.
- Práctica.
Ello implica fomentar un sentido de misión vinculado fuertemente al impacto social que tiene la energía emprendedora, a la importancia de la calidad y la impecabilidad en los haceres, incentivar el orden, el rigor y la disciplina que son las prácticas básicas que permiten transformar la energía humana en invención y transformación de mundos y desincentivar definitiva y explícitamente:
- La desconfianza.
- La soberbia.
- El autoritarismo.
- El escepticismo.
- El machismo y el feminismo.
- La intolerancia.
- El clasismo.
Ello implica una práctica permanente de las habilidades sociales de liderazgo y participación democrática, vale decir sujetos responsables de sus actos, conscientes de las causalidades que desencadenan, informados, críticos y opinantes.

En cuanto al capital humano que se vaya incorporando a los colegios a ejercer la función docente, la administración de ellos deberá trabajar y afinar perfiles docentes que se hagan cargo de las definiciones arriba mencionadas, explicitándolos en el momento de solicitar la contratación de nuevos docentes o monitores y exigiendo a quienes se incorporen a dichas funciones la práctica efectiva del sello educativo que se busca implementar.
Ello, indudablemente, implica disponer en los presupuestos venideros los recursos necesarios que permitan la implementación de este sello emprendedor, tanto en la infraestructura requerida, como en la contratación de personal, como en la implementación de una capacitación (seminarios, talleres, cursos y charlas) que enseñe y estimule a los docentes a participar e impulsar el cambio descrito.
Indudablemente, deberán generarse también las necesarias adecuaciones para que la cultura del emprendimiento también pase por la participación de los docentes y sea una realidad no sólo académica, sino que un verdadero estilo de trabajo al interior de las instituciones, adecuando las funciones y las personas, así como los incentivos correspondientes, con la intención de que los cambios no sólo sean una sugerencia en el papel, sino que una práctica comprobable en todos los niveles de las unidades educativas.
Las instituciones que voluntariamente asuman este desafío podrán decidir si su implementación será gradual o radical, de acuerdo a sus propios ritmos y posibilidades, pero siempre acotada a plazos y fórmulas conocidas aunque flexibles, con claridad de objetivos, cronograma y recursos humanos involucrados.
Verdaeramente creo que en medio de la crisis educativa en la que estamos inmersos, hay que subirse definitivamente al carro de la modernidad. El tema de la cobertura educacional, que fue la gran necesidad del siglo XIX y principios del XX, ya se alcanzó. El tema de la calidad, que debió copar nuestras inquietudes en la segunda mitad del siglo XX, lo seguimos reprobando. El problema es que ahora, en el siglo XXI, ya debemos ocuparnos de la Alfabetización Digital y no tenemos tiempo —ya lo perdimos— en seguir la secuencia lógica antes descrita. Una verdadera Educación para el Emprendimiento nos abre la posibilidad de avanzar en ambos temas a la vez.

Temas relacionados:

Emprendimiento y Educación: una alianza urgente e ineludible

publicado originalmente en mi blog de Atinachile el 21 de nviembre de 2006