Nuestro nuevo Premio Nacional de Literatura

agosto 30, 2006

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No era el que más me gustaba, pero reconozco el talento y el merecimiento del premio. Creo que si fuera por influencia permanente y por polémicas aseguradas, Enrique Lafourcade debiera haber sido el elegido. Si es un premio a una trayectoria dedicada a las letras, Luis Merino Reyes era lejos el merecedor. Si se trata de premiar la narrativa brillante y sacudirse de paso los prejuicios extraliterarios, Miguel Serrano se los llevaba por delante a todos.

Pero el caso es que el triunfador fue José Miguel Varas y su premio es merecido, muy merecido. A su casi perfecta pluma literaria une la no menos brillante pluma periodística (qué entretenido es ser periodista en esta época, Varas ha sido testigo privilegiado de montones de experimentos y cambios que ha tenido nuestro país).

La historia literaria del autor se inicia por allá por el año 1946, cuando publica Cahuín (1), un libro de relatos juveniles que acaba de ser reimpreso en nuestro país y que a juicio de críticos como Jaime Concha, de la Revista de Libros de El Mercurio, “Leído hoy, a muchos años de distancia, resulta aún novedoso y refrescante”.

En 1950 publicó Sucede, obra que ha sido calificada de vanguardista e incluso “joyceana”, pero fue en 1963 cuando dio el gran salto a la inmortalidad literaria, ese año publicó Porái, clásico inolvidable de nuestra literatura, obra realista de temática muy chilena, en que un pícaro vagabundo nos va revelando con sus astucias algunas de las más significativas facetas de nuestro pueblo. Esta obra aparece a menudo en las selecciones de los mejores títulos nacionales. A este título seguirían Lugares comunes (1969), Las pantuflas de Stalin y otras historias (1990), Neruda y el huevo de Damocles (1992), El correo de Bagdad (1994) y Los sueños del pintor (2005), entre otras.

Varas es distinguido por sus lectores como un escritor fino, que usa como herramienta esencial para la construcción de sus relatos el humor —cuando se pone amargo, es de una ironía y sarcasmo que puede llegar a ser cruel—, pero que siempre manifiesta una honda y auténtica preocupación por la desprotección y la debilidad humana.

Varas se inscribe en la gran tradición realista chilena, aquella que tiene como máximas cumbres a nombres tan ilustres como Joaquín Edwards Bello, Manuel Rojas o Francisco Coloane. Él recibe y transporta el testimonio y el estandarte de esta escuela que, catalogada muchas veces como superada, sigue dando frutos recién traspasados los umbrales del siglo XXI y por entre la maraña revisionista y postmodernista de las últimos lustros, sin hacer concesiones tampoco al facilismo comercial y fiel a la descripción de una patria que le ha tocado conocer, sufrir y gozar.

¡Bien por José Miguel Varas! Y bien por la literatura chilena que ha visto esta vez cómo se ha escogido a un verdadero ilustre para la galería de los más ilustres.

1. Voz de origen mapuche que tiene connotación de cotilleo y cotorreo.

Benedicto González Vargas

Temas Relacionados:

El Premio Nacional de Literatura

Artículo publicado originalmente en mi columna de Ciudad Letralia en agosto de 2006


Evaluación por objetivos II

agosto 23, 2006

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La evaluación por objetivos es fundamental en la llamada sociedad del conocimiento, ya que lo que busca evaluar es el desarrollo de habilidades, herramientas mentales y métodos de aplicación. Al conjunto de estos tres elementos (destrezas, contenidos y métodos) es a lo que se llama competencias.
Un buen ejemplo (aunque no nos ha ido muy bien en ella) es la prueba internacional Pisa (Programme for International Student Assesment) en que cada pregunta apunta a la evaluación de destrezas, contenidos y habilidades y no a conocimientos cuya obsolescencia está a la vuelta de la esquina.
Lo que se busca es potenciar un modelo dinámico de aprendizaje que sea adquirido para toda la vida y que permita ir adquiriendo acumulando destrezas (y desarrollando capacidades) que posibiliten la adaptación en un mundo tan cambiante como el nuestro. Es una apuesta por el capital humano que, en definitiva, es la equilibrada ecuación entre conocimientos, destrezas y competencias relevantes para el éxito personal y de la sociedad.
En la asignatura de Lenguaje, por ejemplo, se da mucha importancia a la capacidad lectora (una de las áreas más deficitarias que tenemos), lo que se evalúa a partir de diversos tipos de textos personales (cartas, autobiografías, etc.), textos públicos (documentos oficiales, periodísticos, etc.) y otros escasamente considerados por nuestros docentes de lenguaje (mapas, gráficos, matrices, etc).
Entre los primeros, o textos continuos, se encuentran los siguientes:
narraciones, exposiciones, descripciones, argumentaciones, instrucciones, registros e hipertextos (fracciones de textos enlazadas entre síenforma de unidades que se pueden leer en diferentes secuencias o rutas).
Entre los segundos, o textos discontinuos se analizan gráficos, mapas, matrices, diagramas, comprobantes, certificados y publicidad).
En cuanto a los procesos se busca una comprensión global manifestada a través de cinco procesos básicos: recuperación de la información, comprensión amplia y general, interpretación, reflexión y evaluación sobre el contexto de lo leído y reflexión y evaluación respecto de la forma de los textos.
El conocimiento y análisis de este tipo de pruebas, permite conocer un modelo que posibilita la planificación de nuevos métodos de enseñanza y de evaluaciones de mejor calidad y significación.
En realidad, el conocimiento y análisis de este tipo de pruebas es una actividad que ningún docente puede excusarse de realizar.

Temas relacionados:

Tema 1: Evaluación por Objetivos

prof. Benedicto González Vargas
publicado originalmente en mi blog de Atinachile el 9 de marzo de 2006


Evaluación por Objetivos I

agosto 9, 2006

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Uno de los problemas más comunes en nuestra educación es el de la deficiente evaluación que estamos realizando con nuestros alumnos. En efecto, pensemos tan sólo que se han hecho grandes esfuerzos en mejorar los programas de estudio y los profesores han adoptado e implementado las modificaciones; se hacen esfuerzos por incorporar nuevas metodologías y formas de aprender y los docentes, cual más cual menos, lo implementan también. Pero ¿qué cambios significativos pueden verse en la forma de evaluar los aprendizajes? Parece que la Reforma no ha permeado esta área y, lamento decirlo, la mayoría de los directivos docentes o las jefaturas técnicas, tampoco han hecho mucho.

Por otra parte, siempre nos estamos quejando de los resultados del SIMCE, la PSU, la Prueba PISA, el TIMS y otros (baste revisar estas mismas páginas hace pocos días atrás).

El profesor Martiniano Román Pérez, creador del Modelo “T” de Planificación, ha dicho lo siguiente que la Evaluación por objetivos ha sido denominada de diversas maneras, a saber: “Evaluación por capacidades”, “Evaluación formativo – sumativa”, “Evaluación criterial”, etc., en todo los casos se trata de evaluar cuantitativamente los contenidos y los métodos usados en función de los objetivos trazados (y previamente explicitados al alumno).

Ahora bien, una intención tal sólo es posible cuando las actividades de aula están bien diseñadas y tienen clara su finalidad. Claramente no es lo mismo una clase en que se diseñaron actividades para aprender contenidos, que otra en la que se diseñan actividades para adquirir métodos, aunque en uno y otro caso (contenidos o métodos) siempre puedan ser éstos objetivos a alcanzar.

La evaluación por objetivos tiene como requisito sine qua non que las actividades de aula sean consideradas como estrategias de aprendizaje y que se orienten al desarrollo de capacidades valiéndose, a la vez, de contenidos y métodos.

Si queda claro, cómo lograr esto en el aula, es un poco más oscuro el cómo plasmarlo en una evaluación. Veamos un ejemplo, confeccionado a partir de uno del profesor Román:
“Identifica (destreza) las diferentes formas de Romanticismo (contenido) y elabora un mapa geográfico/histórico con esos datos (método)”. Este tipo de preguntas son las que se hacen a nuestros alumnos en pruebas como el SIMCE o la internacional PISA y, me parece, que este es precísamente el tipo de preguntas que no hacemos en nuestras pruebas.

Una cosa que debemos tener meridianamente clara, es que si nuestras clases se basan en actividades donde sólo se aprenden contenidos, este tipo de evaluación es impracticable. Sin embargo, en la sociedad actual, se requiere que nuestros alumnos desarrollen habilidades, capacidades y destrezas a partir de métodos que deben ser procesos de desarrollo.

No debemos perder de vista que se requiere que nuestros alumnos desarrollen “herramientas mentales” que les permitan desenvolverse en la sociedad del conocimiento y ello puede -y debe- hacerse a partir de contenidos sistémicos que ayuden a los alumnos a ver el conocimiento como un todo integrado y no cada asignatura como una parcela desvinculada del resto de los saberes y aprendizajes.
La verdadera refundación de la escuela y de los procedimientos pedagógicos no puede ni debe dejar de lado un aspecto tan importante como la evaluación.

Temas relacionados:

Tema 2: Evaluación por Objetivos

prof. Benedicto González Vargas

publicado originalmente en mi blog de Atinachile el 18 de enero de 2006.


Shyvy: La poesía de una mujer.

agosto 4, 2006

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“Soy una Mujer, antes que todo soy una Mujer, después soy madre, hija, hermana, amiga, poetisa, profesora, inconclusa, sin definiciones y amo… amo todo… lo mismo que odio ahora, antes lo he amado”.

Así se autodefine Silvia Rojas P., Shyvy, una interesante poeta chilena avecindada en la ciudad de Talca (a unos 300 kilómetros al sur de Santiago).

La poesía de Shyvy se nutre, fundamentalmente, de su propia experiencia vital, de sus recuerdos, de sus vivencias, de sus anhelos, podríamos decir que su impronta es trasuntar esa mochila del alma que todos cargamos y que muy pocos son capaces de verbalizar y compartir.

Silvia tiene sus versos para hacerlo, tiene también la profesión docente, con especialidad en lengua y literatura, para compartir con sus estudiantes el gusto por la literatura y el placer de la buena poesía.

Algunos de mis compatriotas, un selecto y atinado grupo de ellos, no sólo conocen a Shyvy por sus poemas, sino que han podido interactuar con ella a través de su blog. Bitácora virtual henchida de poesía, ahíta de esa sensualidad, luminosidad y transparencia que esta avecilla inquieta, que ha hecho de las palabras convertidas en verso la razón de su propio ser, ha ido tejiendo cual nido en la gran telaraña del siglo XXI.

Otros de mis compatriotas, tal vez una triste e inmensa mayoría, no saben de ella. No han tenido la ocasión siquiera de conocer su rostro sonriente y la Providencia no les ha dado aún el premio de sospechar que sus versos existen.

Algunos, los menos, la habrán buscado ciertamente en los anaqueles de las librerías de su ciudad huasa o en las oscurecidas y contaminadas vitrinas de la gran capital chilena. Vano intento. La poesía de Shyvy no está aún atrapada en las hojas cosidas de un libro. La poesía de Shyvy vuela libre por las conexiones cibernéticas y anida suave en sus cuadernos llenos de manuscritos.

Se diría que de Silvia fluyen los versos por cada gota de sangre que recorre su cuerpo. Se diría que de Silvia fluyen los versos por cada poro de su piel, perfumando la experiencia vital de quienes tienen el privilegio de tenerla a ella como parte de su paisaje.

Le creemos cuando dice que se entrega en cuerpo y alma:

Don Juan

“Te di… me diste…
te di el primer beso,
bajo alamedas iluminadas.
Me diste el segundo beso
en ese oscuro granero,
repleto de rubia paja.
Yo quería un lugar abierto,
tú el más oscuro de mi casa,
con razón dicen que los hombres
¡son la perdición de las damas!

Cómo no sentir el amor palpitante de su pecho en estos versos. Cómo no reconocer la pasión, la dulzura, la entrega, la ingenuidad y la traición en unos sencillos versos sin más pretensiones que las de compartir una experiencia tan propia y tan íntima y, por lo mismo, tan genuina que reconocemos nosotros también como propia, porque nos han tocado similares en algunas esquinas de la vida.

Para hacernos una idea cabal de la sensual invitación de sus versos, otro ejemplo:

Con débil valentía

Imagino tu rostro leve
bajo los párpados bañados.
Y en lo recóndito de la pupila ciega
Donde el vértice toca el genio,
Piensas…
y un suspiro de tu boca escapa…
Me quieres.

Y en la tibia dulzura
del hueco de mis brazos
para tu cabeza frágil
tengo un hondo nido
de caricias y bálsamos
pienso…
y un sollozo de mi boca escapa:
Te quiero…

Para, tus no palabras vertidas
tengo sones de madrugada,
despidos tristes, desgarrados
de lo que no tuvimos, ni tendremos.
De todas esas cosas estará llena la mañana.
Dije adiós…

Como no apresuramos las carnes
no entibiamos el lecho.
Ni fuimos al suspiro de la piel y el beso
No sabremos si el amor…
¿nos hizo trampas?
o sólo nos cazó al vuelo.

Dijiste adiós también.

Para seguir leyendo a Shyvy hay que zambullirse en las páginas de sus poemas blogueros y, si tenemos tiempo y queremos estar a la altura de sus esfuerzos y sus pasiones, dejarle un comentario que retroalimente sus empeños y la haga sentirse deliciosamente deseada por aquello que es su tesoro mejor: su poesía.

Benedicto González Vargas
Publicado originalmente en mi columna de Ciudad Letralia, en agosto de 2006


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